Lucy Tomasi es la creadora de Rancagua NO es Fome, un proyecto que nació después de escuchar que la capital regional era fría, fea y aburrida. La brasileña decidió no aceptar esa descripción sin comprobarla: salió junto a su hija, recorrió espacios culturales y descubrió una agenda de panoramas que merecía ser compartida.
La cuenta se transformó en una referencia para quienes buscan actividades, restaurantes, cafeterías y emprendimientos en la Región de O’Higgins. Pero su historia no comenzó con una estrategia para convertirse en influencer. Partió con una pregunta cotidiana: ¿qué se puede hacer aquí?

De Brasil a descubrir Rancagua en familia
Lucy llegó a la ciudad sin conocerla y con una advertencia instalada por otras personas. En vez de repetirla, visitó el Museo Regional de Rancagua, el Teatro Regional Lucho Gatica, la Casa de la Cultura y la Iglesia de La Merced, entre otros lugares. Cada salida sumaba una respuesta y, al mismo tiempo, una nueva recomendación para publicar.
A fines de 2021 esa exploración tomó el nombre de Rancagua NO es Fome. Su propósito fue derribar una idea que, a fuerza de repetirse, podía desanimar a los propios habitantes a salir de casa. La experiencia de una inmigrante le permitió mirar con curiosidad lugares que para otros se habían vuelto parte del paisaje.
Una comunidad que vale más que las métricas
Al momento de la entrevista, @rancaguanoesfome reunía a más de 58 mil seguidores en Instagram. Lucy, sin embargo, asegura que su medida de éxito no está en los likes. Lo que más valora son los mensajes de madres, parejas y familias que siguieron un dato, conocieron un lugar y luego regresaron a contarle que lo pasaron bien.
La visibilidad llegó antes de que ella se sintiera cómoda con la palabra influencer. Marcas de O’Higgins y de la Región Metropolitana comenzaron a contactarla, y la adjudicación de un fondo del Servicio de Cooperación Técnica para apoyar a emprendedores locales reforzó la idea de que su trabajo tenía impacto.

La honestidad como regla antes de recomendar
Los videos se producen entre la vida familiar y los momentos en que su guagua duerme. Esa cotidianeidad también explica el tono natural de la cuenta. No hay una puesta en escena distante: Lucy muestra experiencias que ella misma realizaría y sostiene una regla central, no aceptar un lugar al que no pagaría por ir.
Esa decisión significa que algunas grabaciones nunca se convierten en reels. Si un sitio no cumple condiciones que considera básicas para su público, prefiere no recomendarlo. También distingue entre una experiencia personal y una verdad universal: entiende que los gustos pueden cambiar, pero no está dispuesta a ocultar aquello que comprometa la confianza de su comunidad.
Dos cuentas, dos espacios personales
Rancagua NO es Fome reúne actividades que otras familias pueden replicar. En @lucytomasi, en cambio, comparte aspectos más personales relacionados con el hogar, el bienestar y la vida familiar. Las dos cuentas conviven, pero cumplen funciones distintas.
Su invitación final conserva el espíritu que inició el proyecto: antes de afirmar que en Rancagua no hay nada que hacer, hay que salir a conocerla. En el especial sobre los creadores de contenido de O’Higgins se pueden encontrar otras historias que también nacieron desde el territorio.
