Tito Lastarria ocupa un lugar singular en la memoria de Rancagua: primero fue descrito como vampiro y, con el paso del tiempo, se convirtió para muchas personas en un santo popular. Su mausoleo en el Cementerio N°1 recibe flores, cartas y placas de agradecimiento.
La investigación citada por Patricio Díaz González permite separar al personaje histórico de las capas añadidas por la tradición. En los registros aparece como Tito Modesto Zenobio Bravo, hijo de Rosalía Bravo. El apellido Lastarria se incorporó más tarde, tras el reconocimiento de su padre, Lisandro Lastarria.

El joven vinculado a la medicina
Tito se formó en Medicina en la Universidad de Chile. El reportaje señala que murió a los 26 años después de contagiarse de tuberculosis mientras atendía enfermos en un lazareto y sitúa su fallecimiento en Putaendo. Otras reconstrucciones locales mencionan su trabajo en Melipilla; por eso conviene mantener el dato atribuido y no convertir una versión en certeza sin revisar los registros originales.
Lo que permanece en las distintas narraciones es su muerte temprana y el traslado de sus restos a Rancagua. El viaje se realizó durante la noche y el féretro llegó asegurado con cadenas, medidas capaces de llamar la atención en una época marcada por el temor a las enfermedades contagiosas.
Cómo nació la historia del vampiro
Un cajón negro, una carroza nocturna y cadenas fueron suficientes para activar el rumor. Los vecinos preguntaron por qué alguien debía ser enterrado de esa manera y la explicación sobrenatural comenzó a ocupar el lugar de las razones sanitarias.
Con las décadas se mezclaron historias atribuidas a Tito con rasgos de su padre. La figura terminó asociada a la vida nocturna, al vampirismo y al temor que inspiraba una familia poderosa. El mausoleo y sus cuatro cruces añadieron un escenario visible a la narración.

La profecía de la última cruz
Tres cruces habrían caído tras los terremotos de 1985 y 2010. La leyenda asegura que, cuando se desprenda la última, Tito volverá para cobrar con la vida los favores concedidos. Esa profecía pertenece al relato popular y no a la biografía documentada.
De figura temida a guardián patrimonial
El sentido de la historia cambió. Primero fue el supuesto vampiro; luego, protector de mujeres del antiguo barrio bohemio y figura cercana a estudiantes. En la actualidad, la Municipalidad de Rancagua también lo ha utilizado como guardián del patrimonio en recorridos y actividades culturales.
Esa transformación muestra que una leyenda no permanece inmóvil. Cada generación selecciona rasgos, añade otros y adapta el personaje a nuevas formas de recordar la ciudad. El recorrido continúa en la guía de mitos y leyendas de O’Higgins y puede enlazarse, por cercanía temática, con los fantasmas del antiguo Hospital de Rancagua.
