Conexión constante: cuando el trabajo nunca termina

Algunos los llaman “trabajadores burbuja” y otros los denominan “empleados sin la opción ‘fuera de oficina’”, pero ambas expresiones se refieren a un mismo fenómeno: el de quienes trabajan en todas partes, a todas horas y la mayoría de los días, sin desconectar del ámbito laboral, incluso durante las vacaciones.
A los trabajadores ‘deskless’, que trabajan fuera de un despacho y utilizan su teléfono móvil personal o un grupo de wasap, para coordinar sus tareas con la empresa, les cuesta más desconectar del trabajo. Foto: Kireyonok Yuliya Magnific.

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Para algunas personas, haber concluido su jornada laboral no implica que dejen de trabajar ese día. Aunque hayan salido de la oficina o apagado el ordenador, continúan pendientes del correo electrónico, responden mensajes, revisan tareas o dedican parte de su tiempo libre a cuestiones relacionadas con su entorno laboral, advierten especialistas en salud laboral.

Cuando esta conexión con la actividad laboral es casi permanente y el trabajo invade los momentos destinados al descanso, al ocio o a la vida personal, puede aparecer el denominado “Síndrome del Trabajador Burbuja”, un fenómeno que refleja cómo se difuminan los límites entre la vida laboral y personal de un empleado, señalan los expertos de Cigna Healthcare, aseguradora médica especializada en el sector corporativo.

Esa sensación de conexión permanente con el trabajo puede adoptar formas muy diferentes, como “revisar su correo corporativo de manera compulsiva”, según explican.

El ‘Síndrome del Trabajador Burbuja’ consiste en la dificultad para desligarse de la actividad laboral fuera del horario establecido. Foto: Cottonbro Studio-Pexels.

El síndrome del “trabajador burbuja”

“Cuando responder un correo desde un lugar de vacaciones, aprovechar un trayecto para atender una llamada o revisar un mensaje de trabajo durante una comida familiar se convierten en una costumbre, el cerebro permanece parcialmente conectado al entorno laboral, dificultando que el descanso cumpla realmente su función”, explican desde Cigna.

“Uno de los principales problemas de este síndrome es que no suele percibirse como tal. Al contrario, muchas de las conductas que lo caracterizan se premian o se interpretan como una demostración de compromiso y dedicación”, señala Amira Bueno, directora de Recursos Humanos de Cigna Healthcare España.

“Cuando responder fuera de horario, estar siempre disponible o pensar constantemente en el trabajo deja de verse como una excepción y pasa a considerarse la forma habitual de trabajar, resulta mucho más difícil detectar que esa dinámica puede estar influyendo en el bienestar de la persona”, enfatiza.

Respetar y fomentar la desconexión

Para evitar el Síndrome del Trabajador Burbuja, desde Cigna recomiendan a las organizaciones rebajar el nivel de exigencia cuando este provoca una presión constante en el empleado, impulsándolo a prolongar la jornada innecesariamente para revisar continuamente las tareas, por miedo a cometer errores o debido a la dificultad de dar un proyecto por terminado.

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También aconsejan analizar qué comportamientos se premian, porque si “responder correos fuera del horario laboral, atender mensajes durante las vacaciones o mostrarse siempre disponible se interpreta como una muestra de implicación del empleado, esas conductas acaban normalizándose dentro de los equipos”.

Asimismo, aconsejan favorecer una distribución equilibrada de responsabilidades, ya que “cuando determinadas funciones o decisiones recaen siempre sobre las mismas personas, estas perciben que deben estar disponibles en todo momento”.

También es importante que una organización priorice la planificación en lugar de la improvisación. “Si la actividad diaria se caracteriza por los cambios constantes de prioridades o las urgencias de última hora, es difícil distribuir la carga de trabajo de modo equilibrado, aumentando la presión innecesaria en el empleado y la sensación de que todo requiere atención inmediata”, según Cigna.

Por otra parte, recalcan que los periodos de desconexión, como las vacaciones y los días libres del empleado, deben respetarse, evitando llamadas, correos o mensajes, salvo en situaciones excepcionales, y entenderse como una oportunidad para que la persona se recupere física y mentalmente y pueda volver al trabajo con mayor bienestar, concluyen.

Empleados sin “fuera de oficina”

Por su parte, los expertos de Ommnio, compañía especializada en digitalizar la comunicación corporativa interna, denominan a este perfil laboral “trabajador sin ‘fuera de oficina’”, en alusión a que estas personas nunca utilizan el mensaje de respuesta automática que el correo electrónico envía cuando el titular de la cuenta está de vacaciones, ausente o no disponible para trabajar.

Lo describen como un empleado que atiende correos, llamadas y mensajes fuera de su jornada y no consigue marcar un límite entre el trabajo y el tiempo de descanso, incluso durante sus vacaciones, cuando esta frontera debería estar más clara que nunca.

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Anna Quintero, CEO de esta firma, considera que esta tendencia puede verse favorecida por “un ecosistema tecnológico donde se glorifica el ‘siempre encendido’ y el agotamiento se lleva como una medalla”.

Muchas conductas propias de la conexión permanente al trabajo no suelen considerarse problemáticas, son premiadas o interpretadas como una demostración de compromiso y dedicación a la empresa. Foto: Thought Catalog-Unsplash.

La dificultad añadida de la modalidad “deskless”

La imposibilidad de desconectarse del trabajo y el impulso de comunicarse constantemente con el ámbito laboral se reanudan con fuerza en otoño, al regreso de las vacaciones, apunta.

Se trata de una tendencia más difícil de contrarrestar para los trabajadores de primera línea en la modalidad deskless (sin escritorio), que desarrollan su actividad fuera de un despacho y se comunican y coordinan laboralmente mediante su teléfono móvil personal, según precisa Quintero.

Mientras que en un entorno de oficina existen herramientas y rutinas diseñadas para delimitar la jornada laboral —correo corporativo, ordenador o herramientas de trabajo identificables que pueden dejar de utilizarse al terminar la jornada—, para los empleados deskless la situación es diferente, ya que utilizan otros canales para mantener una comunicación efectiva al desarrollar su actividad fuera del despacho.

Los trabajadores de tiendas, logística, restauración, industria, mantenimiento o atención directa al cliente, que trabajan con turnos variables y necesitan una comunicación ágil para recibir avisos, cambios de turno o instrucciones operativas, a veces se coordinan con sus organizaciones a través de WhatsApp y mediante su teléfono personal, explican desde Ommnio.

En estos casos, “la desconexión no consiste en cerrar el portátil o activar una respuesta automática en el email, ya que el trabajador puede continuar formando parte de grupos de comunicación que permanecen activos continuamente, incluso cuando está de vacaciones”, explica Anna Quintero.

“El problema para los empleados ‘deskless’ es que, al no disponer de un dispositivo corporativo que puedan desconectar o poner en modo ‘fuera de oficina’, pueden seguir formando parte de grupos de trabajo de manera permanente, lo cual dificulta que puedan desconectar realmente”, según Quintero.

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El espacio personal es innegociable

Para que los trabajadores se sientan más predispuestos a desconectar del trabajo y que esto les resulte más sencillo, Quintero sugiere que comiencen a percibir los momentos de desconexión como una herramienta para ser más productivos en el trabajo y mejorar su rendimiento, y que consideren su espacio personal como algo no negociable.

“Cuando dejamos de estar permanentemente conectados al trabajo o a internet, nuestro cerebro entra en un estado en el que consolida la memoria y aparece la creatividad. Muchas de las mejores decisiones no se toman mirando el ordenador, sino dándole a nuestras neuronas espacio para descansar”, enfatiza.

En este sentido, y para modificar esta conducta, esta experta recomienda “empezar por un cambio pequeño, por ejemplo, dedicando una hora a desconectar de verdad, dando un paseo por un parque”, y “respetando ese momento del día como respetarías una reunión con tu cliente más importante”, según propone.

“Al desconectar te reunirás contigo y tu cerebro descansará y podrá tomar mejores decisiones que las que produciría al estar permanentemente encendido”, concluye Quintero.

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