Por Valeria Gallardo Mendoza
Fotógrafo profesional, viajero y observador de los territorios, Daniel ha construido una trayectoria ligada a la gastronomía, el vino, el turismo y la cultura. Conversar con él rápidamente deja de ser solo sobre fotografía: aparecen los viajes, las personas, los paisajes y, sobre todo, la memoria.
Su llegada a este oficio no fue planificada. Estudió Psicología durante dos años, abandonó la carrera y comenzó a trabajar en una tienda. Fue entonces cuando descubrió que había algo a lo que dedicaba cada vez más tiempo: sacar fotografías. “Mi mamá me apoyó mucho. Cuando salí de cuarto medio me regalaron una cámara y comencé a usarla desde la ignorancia”, recuerda. Esa curiosidad lo llevó, alrededor de 2002, a estudiar en la Escuela Foto Arte de Chile, en Santiago, coincidiendo además con la transición desde la fotografía química hacia el mundo digital.

El turismo llegó casi de manera natural. Una etapa importante fue su paso por Revista Placeres, junto a Patricio Rojas, donde comenzó desde la fotografía social y progresivamente se acercó a la gastronomía, el vino y los viajes. También trabajó con profesionales como Carola Silva y Raquel Telias y tuvo la posibilidad de recorrer distintos lugares de Chile, desde San Pedro de Atacama hasta la Patagonia, navegaciones y glaciares.
Fue viajando donde su mirada sobre el turismo comenzó a cambiar. Daniel recuerda haber visto personas emocionarse hasta las lágrimas frente a un paisaje y comprender que no basta con llegar a un lugar: hay que conocer la historia que existe detrás. “Hay cosas que, si no se cuentan, pierden sustancia”, señala. El paisaje puede ser extraordinario, pero es el relato de quienes lo habitan el que muchas veces transforma una visita en una experiencia.
Por eso, cuando habla de fotografía turística, pone a las personas en el centro. Le interesa retratarlas en su propio entorno: cultivando la tierra, cocinando, trabajando o recibiendo a quien llega. “El territorio habla por sus personas”, afirma. Una buena experiencia puede superar incluso a una gran infraestructura gracias a la calidez, la atención y la capacidad de hacer sentir al visitante parte de ese lugar.
La fotografía tiene además una profunda relación con la memoria. Una imagen puede devolvernos 30 o 40 años atrás y hacernos recordar una persona, una música, un viaje o una emoción. De ahí su llamado a ordenar nuestros archivos, imprimir fotografías y volver a los álbumes familiares. “Perder una fotografía duele”, dice, especialmente en una época en que miles de imágenes quedan olvidadas dentro de un teléfono.

Cuando llevamos la conversación a O’Higgins aparecen Chacayes, la Reserva Nacional Río de los Cipreses, los sectores rurales, los palmares, Corcolén y nuestra costa. Daniel destaca una característica privilegiada de la región: tenemos montaña, valle y mar. Para él, hacer turismo no necesariamente significa viajar lejos. También puede ser caminar, observar la flora y fauna, conocer un oficio, entrar a un comercio local, probar un producto del territorio y, especialmente, conversar con su gente.
Su trabajo fotografiando el mundo campesino y vitivinícola ha reforzado esa mirada. Cosechas, productores afectados por las heladas, viñedos antiguos y personas que han protegido tradiciones le han permitido comprender que detrás de una imagen atractiva existe una historia real. Cuando conocemos quién cultiva, quién produce o quién ha dedicado su vida a un oficio, la fotografía adquiere otra dimensión.
Su familia también ha sido fundamental en este recorrido. Sus hijos conocen su trabajo, entienden sus viajes y en ocasiones lo han acompañado. Daniel lo resume en una frase: “Sin mi familia no soy fotógrafo”.
Al terminar nuestra conversación queda una invitación sencilla: volver a mirar. Rescatar nuestras fotografías antiguas, imprimirlas y conservarlas, pero también volver a mirar el lugar donde vivimos. Caminar nuestra cordillera, recorrer el campo, conocer sus oficios, conversar con las personas y llegar hasta el mar.
Daniel lo explica con una escena cotidiana: a veces llega a un lugar diciendo “vengo a hacer una foto” y alguien responde “quédese a comer”. Es justamente ahí donde comienza otra historia. Porque un territorio no solamente se visita: se observa, se escucha, se siente y se recuerda.
Actualmente Daniel desarrolla trabajos de fotografía para eventos, retratos, gastronomía y proyectos vinculados a empresas y territorios, además del rescate y puesta en valor de archivos fotográficos. Su trabajo puede conocerse en Instagram @fomfoto0 y en su sitio web: ojedamunoz.wixsite.com/ojedamunoz

