Análisis del PIB en la región de O’Higgins: claves para ampliar la base productiva regional

Comparte esta noticia

Anuncios

Por: Pablo Monje Reyes, docente de la Escuela de Ciencias Sociales, Universidad de O’Higgins.

Cuando hablamos de crecimiento económico, se suele mirar de forma prioritaria el resultado del Producto Interno Bruto (PIB) Regionalizado que el Banco Central de Chile publica trimestralmente. Este indicador corresponde a la división geográfica del Producto Interno Bruto nacional y mide el valor total de los bienes y servicios finales producidos dentro de cada una de las regiones del país.

Al observar la evolución de la producción en la región de O’Higgins durante los últimos diez años, se aprecian dinámicas relevantes: en 2016, la región producía 7.141 mil millones de pesos, mientras que para 2025 su producción alcanzó los 14.689 mil millones de pesos. Esto significa que, en el transcurso de una década, el PIB regional creció un 206%; en términos prácticos, la producción prácticamente se duplicó. En perspectiva comparada con las otras regiones del país, O’Higgins se sitúa en el sexto lugar en crecimiento entre las 16 regiones. Asimismo, su tasa de crecimiento promedio anual se ubicó en un 8,3%, lo que la posiciona en el séptimo lugar nacional en este ámbito.

Un dato de particular interés es que la región de O’Higgins se ubica en el quinto lugar nacional entre las regiones con mayor volumen de producción, aportando en promedio un 4,3% del PIB nacional durante la última década. Se sitúa por detrás de Biobío (5,9%), Valparaíso (7,4%), Antofagasta (9,8%) y la Región Metropolitana (39,6%). No obstante, lidera el bloque de regiones con un volumen poblacional similar —que bordea el millón de habitantes—, superando a Maule (3,6%), Los Lagos (3,2%) y La Araucanía (2,7%).

Más allá de los rankings, ¿qué nos señalan de fondo estos datos? Nos muestran a una región que ha mantenido su estructura productiva prácticamente inalterada en los últimos diez años: produce de manera constante bajo los mismos pilares. Esto debe ser valorado en forma positiva, dado que en este periodo se han enfrentado crisis económicas globales y, en el último quinquenio, el severo impacto de la pandemia en las economías regionales.

Sin embargo, no cabe espacio para la autocomplacencia. Estos datos imponen el desafío de pensar estratégicamente cómo ampliar la base productiva regional, lo que requiere, por una parte, mayor inversión de capital y, por otra, incrementar la eficiencia productiva mediante la formación de mano de obra calificada y la profesionalización, innovación y tecnificación de procesos productivos.
Estas dimensiones del desarrollo constituyen acciones de mediano y largo plazo que deben ser impulsadas de manera coordinada por el sector productivo (empresariado y trabajadores organizados), el sector gubernamental y el sistema educativo en sus niveles técnico-profesional y universitario, en sintonía con los objetivos de la Estrategia Regional de Desarrollo (ERD).

A estos esfuerzos, y para abordar con seriedad la ampliación de la matriz productiva, resulta indispensable sumar la formulación e implementación de una política regional de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI). Un marco de esta naturaleza permitirá trazar los caminos que viabilicen el incremento de la producción y la generación de nuevos procesos productivos, superando enfoques que hoy se muestran anquilosados o derechamente inexistentes. Con la articulación y el trabajo conjunto de los actores regionales, no cabe duda de que se podrán desplazar positivamente las fronteras de la producción en la región de O’Higgins.

Anuncios

Anuncios
Anuncios
Anuncios
Anuncios