Pelequén y el valor de lo trascendente: la vigencia de Santa Rosa de Lima en O’Higgins

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Cada mes de agosto, el tranquilo poblado de Pelequén, ubicado en la comuna de Malloa, experimenta una metamorfosis total. Lo que durante el año transcurre en calma, hacia el día 30 de agosto se transforma en un vibrante centro de fervor, encuentro comunitario, tradiciones y comercio.

No es un acontecimiento menor: se estima que cerca de 300 mil peregrinos de la región y de distintos rincones del país acuden anualmente al Santuario de Santa Rosa de Lima. Esta impresionante convocatoria no solo consolida a la festividad como una de las celebraciones religiosas más masivas e importantes de la región de O’Higgins, sino que también nos invita a reflexionar sobre la tremenda vigencia que tienen nuestras tradiciones colectivas frente al vertiginoso ritmo de la modernidad.

La fuerza de esta celebración radica principalmente en las historias personales que caminan con ella. Observamos a miles de personas que se desplazan a pie por las carreteras desde localidades vecinas como Rengo, San Vicente o San Fernando. Muchos de estos devotos realizan grandes esfuerzos físicos que para algunos resultan incomprensibles; sin embargo, caminan motivados por el profundo deseo de cumplir una manda, agradecer un favor, realizar una petición o simplemente reencontrarse con su espiritualidad.

El hecho de que el Santuario mantenga sus puertas abiertas durante toda la noche del sábado y la madrugada del domingo para ofrecer cobijo, descanso y oración a los caminantes refleja la esencia de acogida de esta festividad.

En una época caracterizada por la inmediatez, las relaciones a través de pantallas y la búsqueda de éxito material, Pelequén representa una pausa necesaria: un testimonio vivo de que la fe y la confianza comunitaria conservan un poder invisible pero innegable en la sociedad actual.

Por otra parte, la Fiesta de Santa Rosa es un pilar fundamental de la identidad regional que ha resistido con creces el inexorable paso del tiempo y desastres naturales como terremotos. El origen de esta veneración se remonta a 1840, cuando la imagen de la santa llegó de la mano de un inmigrante peruano.

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A partir de ese momento, alimentado por relatos populares —como aquel que narra cómo la imagen retornaba providencialmente a Pelequén cada vez que intentaban trasladarla a Malloa—, este culto echó raíces profundas en el alma de la comunidad.

La festividad es una costumbre transmitida de generación en generación, demostrando que la cohesión social no solo se edifica sobre plazas o instituciones físicas, sino principalmente sobre las creencias e historias que las personas eligen abrazar como propias.

Este masivo encuentro regional también nos plantea desafíos y debates anuales, en particular el histórico dilema entre la devoción y el comercio. Si bien es natural y positivo que un flujo de esta magnitud dinamice la economía local y brinde oportunidades de trabajo, el gran reto radica en mantener el equilibrio.

Lo esencial de esta conmemoración no debe verse empañado por el consumo material, sino resguardar el espacio de oración, esperanza y promesa que motiva el viaje de los peregrinos.

En esa misma línea constructiva, cabe destacar la valiosa iniciativa del Santuario de promover una «devoción solidaria», incentivando a los fieles a reemplazar las tradicionales ofrendas de velas y flores por alimentos destinados a las personas que más lo necesitan. Este gesto simple pero potente resignifica la fe individual en una obra de apoyo mutuo para la comunidad.

La Fiesta de Santa Rosa de Pelequén es un patrimonio de O’Higgins que merece ser mirado con sumo respeto y cuidado por creyentes y no creyentes. El gran desafío actual reside en garantizar la seguridad vial de los caminantes y propiciar que esta multitudinaria cita sea un motor de unidad, respeto por el prójimo y conservación de nuestra memoria colectiva. Mientras los senderos de Colchagua y Cachapoal sigan llenándose de peregrinos cada agosto, Pelequén nos seguirá recordando que hay tradiciones que permanecen vivas simplemente porque la gente las ha hecho suyas.

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