El patrimonio arquitectónico de una región es mucho más que la suma de adobes, maderas y vigas antiguas; es el testimonio físico de nuestra historia, el punto de encuentro de comunidades enteras y el reflejo de una identidad colectiva que se resiste a desaparecer frente al paso del tiempo y los embates de la naturaleza. En la región de O’Higgins, esta realidad se vuelve palpable al mirar sus históricos templos católicos.
Tras las profundas heridas que dejó el terremoto del año 2010, la reconstrucción ha avanzado de manera dispar. Aunque se han logrado restaurar diversas iglesias en la zona, aún persisten deudas patrimoniales históricas: el templo de San Francisco en San Fernando y la emblemática Iglesia de Coinco. Sin embargo, para esta última, un nuevo y esperanzador capítulo comienza a escribirse.
La Iglesia San Nicodemo de Coinco, declarada Monumento Histórico, representa un pilar fundamental para la vida religiosa, social y patrimonial de su comuna. Tras años de espera, el reciente compromiso de recursos por una suma cercana a los 100 millones de pesos para actualizar el diseño de su proyecto de restauración marca un hito decisivo.
Este paso técnico, acordado en una reunión de trabajo el pasado 27 de agosto de 2026 entre el gobernador regional Pablo Silva Amaya, el alcalde Juan Abarca, el párroco Ernesto Castro y autoridades de Arquitectura y del Arzobispado, permitirá finalmente adecuar el plan de recuperación a las condiciones actuales de deterioro del templo.
Esta intervención, lejos de ser un lujo estético, es un asunto de extrema urgencia y seguridad pública. El estado actual de la torre de la iglesia es crítico y representa un peligro latente para la comunidad, lo que obligará al municipio a evaluar técnicamente su retiro inmediato y a establecer perímetros de seguridad para resguardar a los transeúntes. Ante un desafío de esta magnitud, la estrategia adoptada de recuperar el templo por etapas resulta sumamente pragmática y acertada: se priorizará en una primera fase la nave central —el corazón del templo— para posteriormente avanzar con las dependencias parroquiales.
Recuperar espacios como la Iglesia San Nicodemo de Coinco o el templo de San Francisco en San Fernando no es solo un acto de conservación material; es devolverle el alma a nuestros pueblos. El esfuerzo conjunto demostrado entre las autoridades civiles y los representantes eclesiales debe servir de modelo para entender que preservar el patrimonio no es mirar con nostalgia el pasado, sino asegurar que las futuras generaciones hereden espacios con memoria, historia y arraigo local.
La restauración patrimonial en O’Higgins no puede seguir esperando; cada adobe que cae es un fragmento de nuestra historia colectiva que se pierde para siempre.
