Este sábado 5 de septiembre, gran parte de Chile deberá adelantar sus relojes en 60 minutos para dar inicio al horario de verano. El cambio significa que, al llegar la medianoche, los relojes pasarán de las 00:00 a las 01:00 horas, mientras que las regiones de Aysén y Magallanes no deberán realizar modificaciones.
Aunque para las personas el ajuste puede resolverse en segundos, para el organismo el proceso es bastante más lento. El denominado reloj biológico necesita tiempo para sincronizarse con el nuevo horario, especialmente con los cambios en los períodos de luz y oscuridad.
El académico de Psicología Juan Carlos Urbina explica que el organismo posee un sistema circadiano que organiza múltiples funciones en ciclos cercanos a las 24 horas, entre ellas el sueño y la vigilia, la temperatura corporal, la presión arterial y la secreción de hormonas. La luz natural, particularmente la de la mañana, constituye una de las señales ambientales más importantes para mantener este sistema sincronizado.
Por eso, cuando cambia el horario social pero el ciclo natural de luz y oscuridad permanece igual, puede producirse un desfase entre el reloj biológico y las exigencias de la vida cotidiana. Durante los primeros días pueden aparecer somnolencia, cansancio, irritabilidad y dificultades para concentrarse.
¿Por qué el cambio puede afectar el ánimo y la concentración?
La neuróloga Paulina Chávez, jefa de Neurología del Hospital del Trabajador Achs Salud, explica que al adelantar una hora los relojes se genera, en la práctica, una pérdida de tiempo de sueño si se mantienen los horarios habituales. El organismo debe comenzar sus actividades antes de lo que tenía internalizado, mientras se adapta progresivamente al nuevo horario.
La especialista señala que el cambio puede provocar alteraciones del sueño y, como consecuencia, somnolencia, fatiga, irritabilidad y dificultades para concentrarse. También pueden aparecer baja de ánimo, cambios de apetito y otras molestias durante los primeros días.
En la misma línea, el psicólogo y académico Eduardo Sandoval advierte que dormir menos puede afectar temporalmente la capacidad para regular las respuestas emocionales. Esto puede traducirse en una menor tolerancia a los contratiempos y una mayor intensidad de las reacciones frente a situaciones cotidianas. También pueden verse afectadas la atención, la memoria de trabajo y la toma de decisiones.
Esto adquiere especial importancia al conducir, operar maquinaria o realizar actividades que requieren altos niveles de concentración, debido al riesgo de cometer errores cuando existe una somnolencia importante.
El cuerpo no cambia de hora de un día para otro
El período de adaptación puede variar según cada persona. De acuerdo con el material aportado por Sandoval, para la mayoría puede extenderse entre tres y siete días, aunque algunas personas podrían necesitar una o dos semanas, especialmente quienes tienen cronotipo vespertino, horarios poco flexibles o dificultades previas de sueño.
Urbina plantea que la adaptación puede facilitarse mediante pequeñas modificaciones en las rutinas. Entre ellas está adelantar progresivamente los horarios de sueño y aprovechar la exposición a la luz natural durante la mañana.
En términos prácticos, los especialistas recomiendan:
- Adelantar gradualmente la hora de acostarse y levantarse durante los días previos.
- Mantener horarios relativamente regulares para dormir, comer y realizar actividad física.
- Buscar luz natural durante la mañana, idealmente después de despertar.
- Reducir la exposición a pantallas y luz intensa antes de dormir.
- Evitar alterar bruscamente las rutinas.
- Si existe somnolencia importante, extremar las precauciones al conducir o realizar tareas que demanden concentración.
El cambio de hora también puede ser una oportunidad para retomar una idea que ya había sido abordada por este medio: el ajuste horario puede tener efectos sobre el reloj biológico, el sueño, la energía y el estado de ánimo, por lo que la adaptación debe entenderse como un proceso y no como un cambio instantáneo. “Cambio de hora en Chile: lo que su cerebro necesita saber para adaptarse mejor”
Niños: acompañar, no exigir una adaptación inmediata
En el caso de los niños y niñas, el cambio puede manifestarse en modificaciones de los horarios de sueño, alimentación y otras actividades cotidianas. Desde Fonoinfancia, programa de asesoría psicológica especializada en crianza respetuosa operado por Fundación Integra, llaman a no exigir una adaptación rápida y a respetar los ritmos de cada niño.
La recomendación es conversar previamente sobre el cambio, explicarles que los relojes se modificarán y realizar ajustes paulatinos en horarios de alimentación, baño, juegos, descanso o siesta.
También es importante observar su comportamiento. La psicóloga Cindy Villalón, académica de la Facultad de Psicología de la Universidad UNIACC, señala que algunas señales a considerar son una mayor irritabilidad, cambios en el estado de ánimo, mayor sensibilidad emocional o alteraciones del sueño, como dificultades para quedarse dormido, despertares nocturnos o problemas para levantarse.
La especialista enfatiza que un episodio aislado no necesariamente constituye un problema, pero si estas alteraciones permanecen durante una o dos semanas o más, recomienda consultar con un profesional.
En niños con neurodivergencias, especialmente dentro del espectro autista, Villalón plantea que las modificaciones deben realizarse todavía más gradualmente, debido a la importancia que tienen las rutinas para ellos.
Fonoinfancia, por su parte, recomienda mantener actividades que preparen el momento del descanso —como leer, escuchar música suave o conversar— y evitar las pantallas antes de dormir, aunque las tardes tengan más horas de luz.
¿Y qué pasa con los medicamentos?
El cambio de hora también suele generar dudas entre quienes toman medicamentos diariamente. Según el académico de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello, Francisco Álvarez, para la mayoría de los tratamientos una diferencia puntual de una hora no representa un problema importante y normalmente basta con adoptar el nuevo horario y mantener la rutina.
Sin embargo, no todos los medicamentos funcionan de la misma manera. Algunos tratamientos requieren mayor precisión en sus horarios, entre ellos determinados anticonvulsivantes, inmunosupresores, antiarrítmicos, tratamientos hormonales e insulina. En estos casos, la recomendación es no modificar dosis ni horarios por cuenta propia y consultar al médico tratante o al químico farmacéutico si existe alguna duda.
En definitiva, el reloj puede cambiar en un minuto, pero el organismo necesita varios días para acostumbrarse. La clave está en facilitar esa transición con descanso suficiente, horarios regulares, exposición a luz natural durante la mañana y atención a las señales que puedan indicar que la adaptación está siendo más difícil de lo esperado.
