Como es costumbre, la llegada de octubre en el corazón de la capital regional estuvo marcada por la Misa de Acción de Gracias, en memoria de los soldados caídos en la Batalla de Rancagua, que se realiza en la Iglesia de la Merced.
En el marco de los 212 años del combate, feligreses rancagüinos, estudiantes y autoridades se reunieron en las dependencias que alguna vez sirvió de refugio a las tropas patriotas para orar por los soldados caídos en 1814.
Después de entonar el himno de Chile y tocar una serie de cuecas y alabanzas, monseñor Guillermo Vera Soto dio inicio a la eucaristía que marca el inicio de la conmemoración de la Batalla de Rancagua.
Monseñor Vera recordó a los patriotas chilenos que destacaron por su disposición a enfrentar la adversidad. “Ahí estaban luchando, ahí estaban dispuestos a dar lo más grande que tenemos, que es la propia vida”, señaló, junto con enaltecer “el arrojo, el heroísmo, el no darse por vencidos” de quienes participaron en la jornada.
A partir de este episodio histórico, el obispo llamó a enfrentar las dificultades del presente con fortaleza y esperanza, explicando que “cuando las cosas a veces no resultan, hay que mantener la esperanza y la confianza, seguir trabajando y seguir buscando caminos nuevos”.
Igualmente, el obispo Vera planteó la importancia de “buscar no solo el bien personal sino el bien de las regiones y de toda la comunidad”, destacando finalmente el trabajo conjunto entre autoridades y ciudadanía.
Además, se reconoció a los colegios presentes —Colegio Marista Rancagua, Liceo de Niñas de Rancagua, Instituto Tecnológico Bernardo O’Higgins y Liceo Bicentenario Óscar Catro Zúñiga— por su labor en la formación de los rancagüinos del mañana.
Con un pie de cueca presentado por el Conjunto Paihuen de Rancagua, se dio fin a la Misa de Acción de Gracias para realizar la ceremonia de ofrenda floral e intercambio de estandarte, otra de las actividades conmemorativas referentes a la fecha.



