El 24 de octubre de este mes, el Club de Amigos de la Cueca Clodomiro Barril Soriano de Rancagua cumple medio siglo de vida trabajando por la preservación de la memoria folclórica, difusión de la cueca y de nuestras tradiciones desde este rincón del país, además de inculcar la formación de nuevas generaciones de cuequeros en la vida cultural de esta ciudad.
Sus orígenes, eso si, se remontan a octubre de 1976, cuando un grupo de no más de una docena de amigos realizó un exitoso curso de cueca en un colegio de Rancagua. Entre ellos se encontraban Osvaldo Barril y Edgardo Valenzuela Garrido, este último, primer presidente de la colectividad. Todos ellos se dieron cuenta de lo que los unía: el amor y la pasión por la cueca, por lo que decidieron formalizarse. “En vista de que el curso tuvo tan buena acogida, ambos se dijeron: ¿Por qué no nos unimos y formamos algo para enseñar nuestra cueca?, ya que mucha gente se vio interesada con el tema de la cueca”, recordó su actual presidente, Héctor Tapia Cabezas.
Pero este grupo de amigos no solo fomenta el baile de la cueca, también trabaja por preservar la memoria de investigadores y cultores de la música y el folclore chileno. Es así que aporta a la cultura popular rancagüina con la celebración del Día del Roto Chileno cada 20 de enero, donde se premia desde 1981 la trayectoria de destacados nombres que han aportado al bien de la danza nacional a nivel local.
Igualmente, el club es el creador de la Muestra Laboral, a donde se invita a empresas, Carabineros, PDI, Gendarmería, Ejército, entre otras instituciones, a que envíen una pareja que los represente (con su ropa de trabajo diario) y presenten tres pies de cueca, en un evento tipo campeonato abierto a todo público y con música en vivo.

“LA CUECA COMO BAILE NACIONAL”
Uno de los capítulos más trascendentales en la historia del folclore chileno se escribió precisamente entre los muros de este club rancagüino. En la década de 1970, la cueca era considerada simplemente un baile tradicional más dentro del abanico nacional. Fue la directiva del club la que redactó y gestionó las propuestas formales enviadas a las autoridades nacionales para otorgarle un estatus oficial. Entonces, mediante el Decreto Ley N.° 23 del 18 de septiembre de 1979, la cueca fue oficializada como la Danza Nacional de Chile.
“De estas tablas salieron los primeros escritos para promulgarla como danza nacional. Con esos pequeños grupos de socios que había en un principio, se hicieron los escritos y se llevaron a la Junta Nacional de Gobierno. Eso duró casi dos años, y al final, por allá por el 18 de septiembre de 1979, nos llaman y nos dan la gran noticia de que había sido aceptado”, explicó el actual presidente del club.
ESPACIO DE ENCUENTRO EN CALLE GAMERO

Hasta el día de hoy se reúnen semanalmente en su sede de calle Gamero 240, en el centro de Rancagua, con sus jueves cuequeros y en las tertulias mensuales. La historia de esta sede es tan épica como la de sus inicios. El lugar antes eran unas antiguas bodegas y caballerizas municipales entregadas en comodato al club, con la condición explícita de darle un uso folclórico permanente. “La señora, que era dueña de todo ello, antes de fallecer se lo entregó al municipio, pidiendo que la ocupara alguien que le diera connotación folclórica. Esto cayó como anillo al dedo porque justo calzó todo tan bien que la municipalidad entregó el terreno”, dijo Héctor Tapia.
Según sus relatos, describió que fueron los propios socios quienes, a punta de pala y chuzo, despejaron el lugar para después recibir una vivienda que llegó desarmada desde Sewell y que fue adquirida a un ciudadano estadounidense. Se armó y se conservó íntegramente su estructura y maderas aislantes. “Y ahí comenzó todo el trabajo de los socios, todos por igual, trabajando hasta que hicieron la primera parada de bandera en el monolito que tenemos acá. Allí metieron un ánfora del tiempo, quedando para las futuras generaciones”, agregó.
Posteriormente, con el apoyo de la comunidad e integrantes del Ejército, se levantó el gran salón de baile. Ni las inundaciones, ni el colapso del techo tras una histórica granizada, ni el desgaste del tiempo detuvieron a los socios, quienes, mediante proyectos del Fondo Presidente de la República, lograron aislar acústica y térmicamente el recinto.
“El club Clodomiro Barril Soriano es un hogar, una casa donde los socios son los dueños de casa que reciben todos los jueves y los últimos viernes de cada mes a sus visitas. La labor de todos nosotros es servir a la cueca. Esto implica que muchas veces ser socio arrastra a toda tu familia en el trabajo los jueves cuequeros o las tertulias. Y el día lunes ya estás trabajando para el siguiente jueves, comprando las cosas, ordenando, trabajando por nuestro folclore, nuestra cultura, nuestra danza”, finalizó el representante de este grupo de amigos.

