El agua caía de manera constante sobre el asfalto rancagüino este viernes 2 de octubre, pero lejos de intimidarse ante las inclemencias del tiempo, estudiantes, profesores y familias enteras. desafiaron el pronóstico meteorológico para dar vida al tradicional desfile cívico-militar, en conmemoración de los 212 años de la Batalla de Rancagua.
Con capas, paraguas, impermeables o simplemente como pudieron los niños, niñas y jóvenes de los distintos establecimientos educacionales de la comuna, demostraron que el amor por la patria y el respeto por los héroes, están muy por encima de cualquier factor climático.
El sonido de los bombos y las trompetas adquirió un eco especial bajo el cielo encapotado. Las bandas de guerra y bronce de los colegios y liceos resonaron con fuerza, marcando un compás que se mezclaba con el repicar de la lluvia sobre las calles mojadas.
Cada paso marcial de los militares y escolares estuvo cargado de una energía desbordante, donde los uniformes empapados, se convirtieron en el símbolo más fiel de la entrega y el orgullo de pertenecer a una tierra de héroes.
Los profesores y directivos acompañaron de cerca a sus alumnos, resguardando cada detalle de una presentación que exigió un esfuerzo físico y organizativo superior, debido a las condiciones climáticas.
Así, entre charcos, paraguas multicolores y una inagotable variedad de postales fotográficas que ya llenan los registros de esta histórica jornada, el desfile escolar cerró sus fuegos, reafirmando que, ni la lluvia más intensa puede apagar el fuego sagrado de la historia patria en el corazón de Rancagua.















































