Lluvias de octubre ponen a la agricultura de O’Higgins ante un nuevo desafío

Las precipitaciones registradas en las últimas horas, dejaron cerca de 70 milímetros en sectores del valle y hasta 150 milímetros en la precordillera de la región. La humedad llega en un momento sensible para la fruticultura, con especies en floración y cuaja, mientras los agricultores advierten mayores costos fitosanitarios, riesgos para la producción y una creciente incertidumbre de cara a las primeras cosechas de cerezas.

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Las lluvias que marcan los primeros días de octubre volvieron a poner la mirada sobre uno de los sectores productivos más importantes de la zona central del país: la agricultura.

En nuestra región de O’Higgins, los registros alcanzaron en promedio cerca de 70 milímetros en sectores del valle y hasta 150 milímetros en la precordillera, cifras que adquieren relevancia considerando la etapa en que se encuentran actualmente diversos cultivos y frutales.

Para los agricultores, el problema no está solamente en la cantidad de agua caída, sino también en el momento en que llegan las precipitaciones, ya que éste es un mes clave para especies como cerezas, arándanos, uva de mesa y otros frutales que atraviesan procesos de floración, cuaja y desarrollo de sus frutos.

El presidente de la Federación de Agricultores de O’Higgins, Francisco Duboy, explica que la situación genera preocupación principalmente por los efectos que puede tener sobre la cuaja y por el aumento de los costos que deberán asumir los productores. “Cayeron 50 mm en distintas zonas, ese orden de agua caída en una época en donde ya no necesitamos más agua”, señaló.

La lluvia llega en plena floración y cuaja

Uno de los principales efectos para la fruticultura está relacionado con aquellos huertos que todavía se encuentran en floración y cuaja. La lluvia puede mojar las flores e interferir en el proceso de polinización, reduciendo eventualmente la cantidad de fruta que finalmente llegará a cosecha.

“Los principales problemas es que tenemos algunos frutales aún en periodos de floración y cuaja, y eso sin duda afecta el proceso de cuaja de la fruta, porque no permite los vuelos de la abeja, y moja la flor, por lo tanto, puede afectar ese proceso”, explicó Duboy.

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A ello se suma un segundo efecto que, aunque menos visible, impacta directamente en los bolsillos de los productores: la necesidad de reforzar los programas fitosanitarios después de las precipitaciones. “También importante, es que obliga a salir a reforzar los programas fitosanitarios después de esta lluvia, porque eso implica mayores costos inmediatos a los agricultores”, sostuvo.

La mayor humedad y el prolongado mojamiento de flores y tejidos vegetales pueden generar condiciones favorables para el desarrollo de hongos y enfermedades, obligando a los agricultores a realizar tratamientos adicionales. “Las frutas donde los árboles que todavía tienen flores y restos florales, hay que fumigarlos, porque puede provocar hongos en la cosecha. O sea, va mucho más gasto asociado”, afirmó el presidente de la Federación de Agricultores de O’Higgins.

Los agricultores de O’Higgins continúan trabajando pese a la incertidumbre climática, adoptando medidas de protección para cuidar una temporada marcada por mayores costos y riesgos productivos.

Menos fruta y más costos

Para Duboy, el escenario genera una doble preocupación: por una parte, la incertidumbre respecto de la cantidad de fruta que finalmente se obtendrá y, por otra, el aumento de los costos asociados al manejo de los huertos. “Yo diría, así como grandes preocupaciones: uno, la incertidumbre que genera en la carga final que podamos tener en los campos; y segundo, el aumento de costos de los programas fitosanitarios”, indicó.

En los cultivos agrícolas, en tanto, los efectos pueden estar relacionados con anegamientos y exceso de agua. A esto se suman los daños que pueden provocar los fuertes vientos asociados a los sistemas frontales. “En el caso de cultivos, el problema puede estar dado por anegamientos, ese tipo de cosas que pueden generar algún problema de anegamientos por exceso de lluvia. Ha habido fuertes vientos y provocan voladuras de invernaderos o de techos o de carpas”, agregó.

Un costo que termina absorbiendo el productor

La preocupación de los agricultores no se limita al campo, los mayores gastos derivados de las aplicaciones fitosanitarias, los manejos adicionales y eventuales pérdidas de fruta terminan impactando directamente los márgenes de quienes producen.

El representante de los agricultores advierte que los agricultores tienen poca capacidad para trasladar estos mayores costos al precio final de sus productos. “Nosotros, los agricultores en general, somos tomadores de precios, por lo tanto, todos estos precios van derecho al margen del productor. Estos costos los asume todo el productor”.

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Por ello, un escenario con menor producción y mayores gastos puede complicar todavía más la rentabilidad del negocio agrícola. “Podríamos eventualmente tener un poquito menos de fruta por problemas de cuaja y podríamos tener algunos costos adicionales, por lo tanto, el negocio se complica”, sostuvo.

El presidente de la Federación de Agricultores de O’Higgins, Francisco Duboy.

La cereza mira con atención las próximas semanas

Uno de los puntos que mantiene especialmente atentos a los productores de O’Higgins es el inicio de la temporada de cerezas. De acuerdo con Duboy, las primeras cosechas en las zonas más tempranas de la región comenzarían hacia fines de este mes. “A fin de octubre, empiezan las primeras cosechas de cereza en O’Higgins, en las zonas más tempranas y si el clima no mejora, eso sin duda, va a ser un problema. Así que ahí estamos todos con un grado de incertidumbre importante de lo que se nos viene”, señaló.

En este caso, las lluvias intensas pueden generar un riesgo adicional: la partidura de los frutos. “Más que botar las frutas, lo que hace es partirlas. En general los productores que están con frutas muy tempranas, la mayoría tienen sus huertos bajo techo. Pero de todas maneras unas lluvias intensas pueden provocar problemas de partidura en las frutas”, explicó.

El panorama, reconoce, obliga a mantener especial atención sobre la evolución del tiempo durante las próximas semanas. “Estamos con alta incertidumbre de lo que se nos viene con el clima durante octubre”, resumió.

La agricultura sigue trabajando pese a la incertidumbre

Frente a este escenario, los productores han debido adaptar sus manejos y buscar herramientas que permitan disminuir los riesgos asociados a la variabilidad climática. Duboy señala que parte de la estrategia pasa por mejorar los programas fitosanitarios, incorporar infraestructura de protección y hacer más eficiente el trabajo en los campos. “Los agricultores siguen haciendo el trabajo que hemos hecho siempre. Seguimos mejorando nuestros programas fitosanitarios para controlar todo tipo de pestes y plagas que puedan seguir, tratando de hacernos más eficientes en eso”, indicó.

A ello se suman medidas como la instalación de techos y sistemas destinados a proteger los cultivos. “Obviamente hay los productores que están tomando resguardos con techos, con máquinas de control de plagas que permitan tener una producción estable en el tiempo”, explicó.

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Sin embargo, el escenario climático se suma a otras dificultades que enfrenta actualmente el sector, como los costos de producción, el crecimiento económico, el empleo, las tasas de financiamiento y el comportamiento de los mercados internacionales. “Es una suma de factores”, resume Duboy.

Los huertos de frutales enfrentan las precipitaciones en plena etapa de floración y cuaja, un momento determinante para definir la producción que llegará a cosecha.

Una agricultura que no puede detenerse

Pese a las dificultades, el presidente de los agricultores de O’Higgins recalca que existe una característica que diferencia a esta actividad de muchas otras: los procesos productivos no pueden detenerse, “mientras tanto la agricultura de esta región se mantiene. La agricultura no para. Aunque sean incertidumbres hay que seguir trabajando. Los agricultores no podemos parar”, enfatizó.

“Lo único que nos queda es ser más cuidadosos, más rigurosos, más eficientes, tratar de controlar nuestras prácticas y ser lo más productivo posible”, señaló el presidente de la Federación de Agricultores de O’Higgins.

Para los agricultores del Libertador, octubre se presenta como un mes que exigirá máxima atención. Las lluvias, el viento, la humedad, las temperaturas y los eventos meteorológicos que puedan presentarse durante las próximas semanas serán factores determinantes para una temporada que, de acuerdo con el sector, comienza marcada por la incertidumbre. “Sabemos que este año puede ser un año complejo, en donde probablemente los márgenes no van a ser muy buenos”, concluyó Duboy.

La lluvia dejó cerca de 70 mm en sectores del valle de O’Higgins, aumentando la humedad en los campos justo en un periodo clave para los cultivos y frutales de la región.

Llaman a anticiparse al aumento de malezas en la agricultura

Las recientes precipitaciones pueden traer consigo un desafío relevante para la agricultura: el crecimiento acelerado de malezas.

La mayor disponibilidad de humedad en el suelo, sumada a temperaturas que favorecen la germinación, puede generar una rápida aparición de especies vegetales no deseadas que compiten con los cultivos por recursos esenciales como agua, nutrientes, luz y espacio.

Frente a este escenario, el ingeniero agrónomo Julio Vargas, experto en manejo agrícola, destaca la importancia de no esperar a que las malezas alcancen un desarrollo avanzado para tomar medidas “Después de un período de lluvias, el manejo de malezas se vuelve especialmente relevante. La humedad puede favorecer su emergencia y crecimiento, por lo que es fundamental evaluar oportunamente el estado del campo y definir una estrategia de control adecuada para cada cultivo y condición”, señala.

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Actuar a tiempo

El control de malezas no debe entenderse como una aplicación puntual; sino como parte de una estrategia de manejo que considere el tipo de cultivo, las especies presentes, su estado de desarrollo y las condiciones ambientales. En este contexto, la aplicación de herbicidas para el control de malezas, cuando corresponde y bajo las recomendaciones técnicas y regulatorias pertinentes, puede ser una herramienta fundamental para disminuir la competencia y proteger el potencial productivo del cultivo.

Las condiciones posteriores a las lluvias también hacen necesario evaluar cuidadosamente el momento de aplicación. Factores como la humedad del suelo, las condiciones climáticas, el desarrollo de las malezas y la posibilidad de nuevas precipitaciones pueden influir en la efectividad del tratamiento. “Una aplicación bien planificada puede marcar una diferencia importante. No se trata simplemente de aplicar un producto, sino de tomar una decisión técnica considerando las características particulares de cada campo”, explica Vargas.

Para los agricultores, el desafío está en aprovechar los beneficios que las lluvias aportan al suelo y a los cultivos, sin descuidar los problemas que pueden aparecer posteriormente. Una detección temprana permite identificar las especies de malezas presentes y determinar las alternativas de manejo más apropiadas, evitando que su crecimiento avance hasta generar una competencia significativa con el cultivo. Por ello, el monitoreo después de las precipitaciones se transforma en una herramienta clave para anticiparse y tomar decisiones oportunas.

Desde la perspectiva de Vargas, la agricultura moderna requiere avanzar hacia decisiones cada vez más precisas: “El manejo eficiente comienza con la observación del campo. Conocer qué está ocurriendo después de las lluvias permite actuar con mayor precisión y evitar que un problema de malezas termine afectando el rendimiento”.

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