Los datos entregados en el reportaje del periodista Fernando Ávila Figueroa son elocuentes. La violencia escolar está atacando con fuerza a las escuelas, colegios y liceos de nuestra región.
La zona ha destacado negativamente por agresiones sufridas por estudiantes, las que han ido escalando en sus consecuencias, como por ejemplo la que derivó en un alumno herido de consideración tras ser atacado por compañeros que utilizaron “manoplas”.
Desde los establecimientos que se han visto afectados, han reconocido los hechos y también han lamentado este tipo de situaciones. En tanto, la autoridad expresó su altísima preocupación por lo que se está viviendo. Lo propio parlamentarios que evidencian que, la violencia escolar, está descontrolada.
El Ministerio de Educación, en unas de sus publicaciones, esclarece que “un acto de violencia no necesariamente conlleva la intencionalidad premeditada de causar un daño a otro”. Así también, indica que una agresión “puede responder también a necesidades de autoafirmación, a la búsqueda de pertenencia al grupo de pares o a la verificación de los límites y reacciones que otras personas tienen en el contexto de la convivencia escolar cotidiana”.
Tomando en cuenta lo anterior, hay un aspecto que sin duda podría explicar el incremento de estos hechos: la pandemia. Fueron dos años alejados de la convivencia diaria entre compañeros y compañeras. El encierro provocado por la irrupción del coronavirus no solo afectó la salud mental de estudiantes, sino que también de la sociedad entera. Si bien es cierto aún es un tema de estudio, hay ya conclusiones preliminares que así lo indican.
Hoy por hoy la violencia escolar está clasificada en los siguientes apartados: agresividad, agresiones físicas, violencia psicológica y emocional, violencia social, violencia contra la infraestructura o espacios escolares, acoso escolar y ciberacoso.
¿Cómo combatirla? El MINEDUC recomienda a la comunidad educativa el conocer y comprender su contexto, promover modos de convivencia que potencien el autocuidado, elaboración de normas de relaciones interpersonales de manera participativa, además de difundir las consecuencias de actos violentos y acompañar a quienes lo requieran, entre otras acciones.
Ahora bien, la casa también tiene que aportar con lo suyo. La formación no solo es fruto del trabajo de los docentes en las aulas, también es propiciada por lo enseñado dentro del hogar. Esa fórmula nunca debe quedar al margen. De lo contrario, día a día seguiremos hablando de más y más violencia. No podemos quedar al margen.
Por: Ricardo Obando, Editor.
