Hace exactamente un año, Stephanie Vaquer —la luchadora que salió de San Fernando con la determinación de transformar en realidad su sueño— hizo su primera aparición televisada en NXT. Lo que para muchos fue una entrada potente y llena de promesas, para ella fue el punto de partida de una carrera meteórica que, en solo doce meses, la llevó desde la curiosidad del público hasta los títulos, los grandes escenarios y el reconocimiento global.
El arranque: aviso, presencia y construcción de un personaje
Su llegada al programa no fue un simple cameo: fue una declaración. Desde ese primer segmento —que dejó claro que venía a disputar espacios y a retar a las principales figuras de la marca— Vaquer fue construyendo una identidad combativa, visceral y técnica dentro del ring. Ese proceso —rítmico, bien medido en la narración televisiva— permitió que el público conectara rápido con su propuesta y su figura: la chilena que reclamaba un lugar en la élite.
¡Se cumple un año del debut de La primera en #WWENXT!
— EL TIM (@TIMWrestling) September 24, 2025
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Primeros hitos: Royal Rumble y la confirmación internacional
En apenas meses, Vaquer logró cruzar otra frontera: el 1 de febrero ingresó al Royal Rumble, siendo la primera chilena en participar en ese histórico evento femenino de la WWE. Esa aparición no solo fue un hito personal, sino también simbólico para toda la afición latinoamericana que la seguía con orgullo.
El título que faltaba en la crónica: el Campeonato Norteamericano de NXT
El 15 de febrero llegó un momento clave que muchos esperaban: Stephanie Vaquer conquistó el Campeonato Norteamericano de NXT tras derrotar a Fallon Henley en Vengeance Day. Fue su primer título en WWE y el primer gran certificado oficial de que su ascenso no era fruto de la expectativa, sino de resultados concretos dentro del ring. Ese reinado significó, además, poner a Chile y a Sudamérica en el mapa de los campeones dentro de una compañía global.
La emoción en San Fernando y en las comunidades luchísticas de Chile se sintió como un latigazo colectivo: mensajes, videos y celebraciones que mostraban la dimensión humana de un logro profesional que trasciende el cinturón —era, también, la recompensa a años de trabajo, viajes y sacrificios.
Consolidación en NXT: defensa, rivalidades y el oro mayor
Tras levantar el título norteamericano, Vaquer no se conformó. Su calendario en NXT estuvo marcado por defensas, combates televisivos de alto impacto y la construcción de rivalidades que elevaron su figura.
El 6 de marzo de 2025, en entrevista exclusiva con El Rancagüino, declaró con claridad sus ambiciones: “Mi objetivo es ser la mejor del mundo”. Una frase que, a la luz de lo ocurrido después, se lee como una hoja de ruta anticipada.
Días después de aquella entrevista se consagró como Campeona Femenina de NXT, un paso que la catapultó a la élite de la marca y le permitió firmar páginas memorables en lugares icónicos como el Madison Square Garden. Ese marzo se convirtió en un mes de confirmación: de prometedora a campeona.
Esa doble presencia —titular y protagonista en grandes carteleras— le abrió además otras puertas: su nombre empezó a aparecer en conversatorios, en notas internacionales y en la planificación de la compañía para puestos en el main roster y apariciones mediáticas.
Más que títulos: registros, videojuegos y representación
La influencia de Vaquer trascendió el cuadrilátero. En marzo de 2025 se confirmó que la luchadora sería la primera chilena incluida en un videojuego oficial de la WWE, un reconocimiento que implica presencia cultural y visibilidad para una generación que consume deporte y entretenimiento en múltiples plataformas. Ese hito, aparentemente técnico, tiene un valor simbólico enorme: su figura puede ahora ser elegida y manejada por fans de todo el mundo.
En una entrevista exclusiva con El Rancagüino, Stephanie lo expresó con claridad: “Cuando empecé, pensaba: ‘Nadie lo ha hecho antes’. Ahora quiero ser la prueba de que es posible”. Esa frase resume la tensión entre la ambición personal y la responsabilidad pública que ella abrazó: ser referente para quienes vienen detrás.

El salto al main roster y la consagración mundial
El 30 de mayo se confirmó lo que muchos veían venir: Stephanie Vaquer pasó oficialmente al main roster de la WWE. Su desembarco en Raw fue recibido con expectación, aunque llegó en un escenario complejo: había perdido sus dos títulos en NXT.
El Campeonato Norteamericano le fue retirado por una decisión administrativa de la propia WWE, mientras que el Campeonato Femenino de NXT lo perdió en un intenso combate ante Jacy Jayne. Pese a esos reveses, la compañía la consideró lista para dar el salto a la marca principal, una muestra de que su proyección estaba por encima de los resultados inmediatos.
La coronación de ese ciclo llegó en septiembre de 2025: en menos de un año desde su primer paso televisado en NXT, Vaquer disputó y ganó el Campeonato Mundial Femenino de WWE, cerrando un arco casi cinematográfico que la convirtió en una campeona global y en la portada de cientos de notas, incluido nuestro medio.
Este 22 de septiembre, ya como campeona, conversó nuevamente con El Rancagüino. Allí confesó que todavía estaba procesando lo vivido: “Todavía siento que estoy soñando”. Una declaración íntima que refleja la magnitud de lo alcanzado y la humanidad con la que encara cada paso.
¿Qué deja este primer año? Legado, comunidad y futuro
En términos concretos: una lista de hitos (debut televisado, participación en un Royal Rumble, el Campeonato Norteamericano de NXT, el Campeonato Femenino de NXT, inclusión en el videojuego oficial de la WWE, paso al main roster y el Campeonato Mundial).
En términos intangibles: una inspiración viviente para jóvenes luchadoras en Chile y Latinoamérica, y la demostración de que una carrera internacional es posible partiendo desde la región.
Pero también quedan preguntas —y oportunidades— abiertas: cómo WWE seguirá construyendo su personaje en programas de máxima exposición, qué rivalidades a largo plazo le esperan, y cómo Vaquer administrará la presión y las expectativas que nacen de ser un símbolo nacional.
Lo cierto es que, si el primer año es un indicio, su carrera aún tiene capítulos decisivos por escribir.
