Enfrentando el alza: Expertos revelan cómo reducir el consumo de combustible hasta en un 20%

A juicio de expertos, existen varias formas directas de reducir el consumo, entre ellas, la forma de conducir. Aceleraciones suaves, mantener una velocidad constante y evitar frenadas innecesarias tienen un impacto real en el gasto. Mantener la presión correcta de los neumáticos y evitar cargar peso innecesario también ayuda.

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Ante el incremento histórico en los precios de los combustibles registrado en marzo de 2026, que impacta directamente en el presupuesto familiar, optimizar el rendimiento del vehículo ha dejado de ser una opción para convertirse en una necesidad. Expertos académicos coinciden en que la combinación de un mantenimiento técnico riguroso y cambios en los hábitos de conducción puede mitigar significativamente este gasto.

Tanto el estilo de manejo como la planificación de rutas son factores determinantes. Según el Dr. Paul Basnak, académico de la Universidad Católica del Maule (UCM), adoptar hábitos más conscientes puede generar ahorros de entre un 10% y un 20% en el consumo. Por su parte, Matías Díaz, académico del Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Universidad de Santiago (Usach), advierte que una conducción agresiva puede aumentar el gasto en más de un 20%.

Para lograr estos resultados, los especialistas sugieren evitar aceleraciones bruscas y mantener una velocidad constante, utilizando la marcha más alta posible sin forzar el motor. «Evitar aceleraciones y frenadas bruscas, mantener velocidades estables y usar marchas altas a bajas revoluciones puede generar ahorros importantes», explica Basnak.

Un vehículo en mal estado obliga al motor a trabajar de forma forzada, perdiendo eficiencia. Uno de los puntos más críticos es la presión de los neumáticos: si están desinflados, aumenta la resistencia al rodar y, con ello, el consumo de bencina hasta en un 5%. Sobre este punto, el Dr. Basnak enfatiza que mantener la presión correcta según lo indicado por el fabricante permite disminuir el consumo. Asimismo, Díaz recuerda la importancia de usar el octanaje recomendado, ya que uno menor puede provocar problemas en el motor y elevar el gasto innecesariamente.

Existen también prácticas que se recomiendan de manera informal para ahorrar bencina, pero que, según los expertos, no son correctas y pueden dañar el vehículo. Por ejemplo, “andar en neutro en bajadas no reduce el consumo de forma efectiva y es inseguro. Apagar el motor constantemente en tráfico tampoco es recomendable en la mayoría de los autos. El uso de aditivos no certificados o modificar parámetros del vehículo sin respaldo técnico también genera riesgos. Lo mismo ocurre con sobreinflar neumáticos o postergar mantenciones”, explica el docente del Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Usach.

El uso de aplicaciones de navegación como Waze o Google Maps se ha convertido en un aliado importante. Estas herramientas permiten encontrar rutas más fluidas, evitando los “tacos”, donde el motor encendido en ralentí consume combustible sin avanzar. «Estas tecnologías nos ayudan a elegir rutas menos transitadas, lo que no solo reduce el tiempo de viaje, sino también el consumo de combustible», afirma el académico de la UCM.

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TRANSICIÓN HACIA LA ELECTROMOVILIDAD

El alza sostenida de los precios ha despertado un interés creciente por los vehículos eléctricos. Matías Díaz señala que “cambiarse a eléctrico no tiene que ser una decisión impulsiva. Es una transición que conviene planificar y entender el uso real que se le dará. Si la mayoría de los viajes son urbanos y existe acceso a carga en la casa o el trabajo, el cambio es bastante natural y conveniente”. Si bien la inversión inicial es mayor, el costo operativo es considerablemente menor. «Cargar un auto eléctrico en la casa cuesta bastante menos que llenar el estanque», destaca Díaz, agregando que los modelos híbridos también son una «solución de transición razonable» para reducir la dependencia de la bencina en trayectos urbanos.

Los autos híbridos son una alternativa válida, aunque se debe considerar que siguen utilizando combustible y emiten CO₂. No obstante, permiten reducir el consumo, especialmente en ciudad, donde el motor eléctrico opera con mayor frecuencia. No eliminan la dependencia de la bencina, pero sí la disminuyen y hacen más eficiente el uso del vehículo. Por lo tanto, representan una solución de transición mientras se desarrolla mayor infraestructura o los usuarios adquieren más confianza en la electromovilidad.

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