Álvaro Arredondo, jugador de Deportes Rancagua: «Volver a disfrutar el fútbol fue el primer paso para volver a creer en mí»

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Por: Carlos Osses.

Hay conversaciones que se publican para informar. Otras, para dejar una enseñanza. Esta pertenece a las segundas. A sus 21 años, Álvaro Arredondo abre su corazón como pocas veces lo ha hecho: habla de las dudas, de los errores que marcaron su camino, del momento en que pensó que el fútbol podía terminar y de cómo recuperó la ilusión en Deportes Rancagua. Más que la historia de un futbolista, es el testimonio de un joven que entendió que el verdadero partido se juega en la mente y en el corazón. Un relato que todo jugador del fútbol formativo debería leer.

Cuando el fútbol deja de ser solo fútbol

A sus 21 años, Arredondo transmite una madurez que no siempre acompaña a un futbolista de su edad. Formado desde los ocho años en O’Higgins, habla de sus aciertos y de sus errores con la misma honestidad, sin buscar excusas ni responsables. Escucharlo es comprender que esta no es solo la historia de un defensor que sueña con volver al profesionalismo, sino la de un joven que descubrió que las derrotas también pueden convertirse en el punto de partida para crecer.

«Debutar es un paso grande porque uno se forma para eso, pero lo más difícil es mantenerse. Esto no es solo entrenar todos los días; también es descansar bien, alimentarse, prepararse fuera de la cancha y ser constante», reflexiona.

Tras desvincularse de O’Higgins, vivió uno de los momentos más complejos de su carrera. Una oportunidad que no resultó como esperaba y un mercado prácticamente cerrado lo hicieron pensar, por primera vez, en dejar el fútbol.

«Hubo un momento en que pensé que ya no se podía. Sentía que no había opciones. Pero apareció la posibilidad de llegar a Deportes Rengo y la tomé como el impulso que necesitaba para seguir mostrándome».

Lejos de esconder ese episodio, lo recuerda como una experiencia que fortaleció su carácter. Hoy, defendiendo la camiseta de Deportes Rancagua, Álvaro asegura que encontró algo que había perdido. «Muchos pueden pensar que fue un retroceso, pero yo no lo veo así. Para mí fue avanzar. Necesitaba volver a disfrutar el fútbol. Había dejado de disfrutar lo que más amo, y este club me abrió las puertas desde el primer día. Desde los dirigentes hasta el utilero me hicieron sentir importante nuevamente», comentó.

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Esa confesión resume gran parte de su presente. Antes de pensar en categorías, contratos o metas personales, necesitaba reencontrarse con la pasión que lo llevó a enamorarse de este deporte cuando era un niño.

El formado en O’Higgins, hoy defiende a Deportes Rancagua en la Tercera División A. Foto: Ricardo Obando/El Rancagüino.

Errores que se asumen

Con la misma sinceridad reconoce que también hubo errores propios. «Siento que perdí un poco la personalidad que siempre tuve. Mirando hacia atrás, creo que eso me pasó la cuenta. Si volviera a vivir ese momento, mantendría esa personalidad que siempre me caracterizó».

Sobre O’Higgins, el club donde pasó prácticamente toda su etapa formativa, sus palabras son de agradecimiento. «No tengo nada que decir de mi formación. El club me entregó herramientas muy importantes para llegar al fútbol profesional. Después uno también tiene que seguir aprendiendo de cada entrenador y de cada persona que aparece en el camino», aseguró.

También valora el crecimiento que ha experimentado la institución en los últimos años, especialmente por la confianza que hoy reciben los futbolistas jóvenes. «Se les está dando mucha importancia a los juveniles y eso se refleja en la cantidad de chicos que hoy están compitiendo al más alto nivel. El crecimiento del club ha sido muy positivo».

Su mensaje para quienes hoy recorren el mismo camino que él comenzó de niño es tan simple como profundo. «Que nunca dejen de soñar. Que quieran ganar, que aspiren siempre a cosas grandes y que trabajen todos los días por ese sueño», recalcó.

Pero quizás la respuesta más poderosa llegó al final de la conversación. Al imaginar el día en que termine su carrera, no habló de títulos, ascensos ni de reconocimientos individuales. «Lo que realmente queda es la persona. Cómo trataste a tus compañeros, a tus profesores, el respeto que tuviste por los demás. Te puede ir bien o mal en el fútbol, pero ser buena persona cambia muchas cosas», puntualizó.

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Sueño con volver al profesionalismo

Álvaro Arredondo todavía tiene mucho camino por recorrer. Sueña con volver al fútbol profesional, consolidarse y demostrar que está preparado para competir en las categorías más altas. Ese desafío aún está por escribirse.
Pero después de esta conversación quedó una certeza mucho más importante que cualquier resultado deportivo.

A sus 21 años entendió que el talento puede abrir puertas, pero son la humildad, la autocrítica, la perseverancia y la calidad humana las que sostienen una carrera cuando aparecen las dificultades.

Ojalá esta historia llegue a cada niño que hoy se pone una camiseta para entrenar, a cada juvenil que espera una oportunidad y a cada futbolista que alguna vez haya pensado en rendirse. Porque el camino nunca es perfecto. Habrá caídas, dudas y momentos en que todo parecerá cuesta arriba.

Si las palabras de Álvaro Arredondo consiguen que uno solo de esos jóvenes vuelva a creer en sí mismo, entonces esta entrevista habrá cumplido un propósito mucho más grande que informar. Porque los partidos duran noventa minutos, los sueños, en cambio, se juegan todos los días.

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