Gisella Abarca

Con el fin de entregar una mejor cobertura en tiempo de pandemia, el Hospital Regional realizó una importante conversión y complejización de camas de acuerdo a un plan maestro, que ha permitido atender además a pacientes de la Región Metropolitana.
Y es que luego de un arduo trabajo que se estaba realizando desde enero, el recinto asistencial completó su meta de triplicar la cantidad de camas intensivas para dar una mejor cobertura a la pandemia del coronavirus. Esta conversión permitió que la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) aumentara significativamente la dotación de camas para atender los casos más complejos de la emergencia sanitaria pasando de 20 a 60 camas ventilables triplicando su cantidad para recibir pacientes.
La Unidad de Paciente Crítico (UPC) del principal centro de salud de la región, conformada por la UCI y UTI (Unidad de Tratamiento Intermedio), pasó de tener 60 a 131 camas (UCI 60 y UTI 71), lo que supuso una conversión de la UPC y el Servicio de Medicina.
Todo este plan de contingencia ha significado un gran esfuerzo de los trabajadores del Hospital Regional, quienes han desarrollado una enorme labor sanitaria para el bienestar de los enfermos.

“NOSOTROS HEMOS VISTO LO PEOR”
Una de ellas es la técnico UPC, Cynthia Báez Muñoz quien cuenta “empezamos a recibir los primeros Covid en abril de este año y para nosotros todos los días era una incertidumbre, porque no sabíamos de qué se trataba la enfermedad, nadie conocía el virus. También, a veces tú estabas atendiendo pacientes con sospecha, o positivos, pero teníamos la incertidumbre, así que para todos usábamos todas las medidas de protección, porque no sabíamos”.
Cuenta que en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) es un constante trabajo “en la UCI no hay descansos, es trabajar 12 horas de corrido, tomarte un café y seguir, y uno no se da cuenta. La dirección nos ambientó una sala grande para ocupar y no salir del tercer piso, casi todo lo hacíamos en la unidad.
En su paso por la UCI donde en promedio un paciente está 15 días, Cynthia Baez relata que si bien, el paciente con ventilación mecánica se encuentra en un coma inducido; en la Unidad de Tratamiento Intermedio (UTI), el panorama es otro “en la UTI me tocó atender el paciente Covid no intubado. Viví la otra realidad del paciente que pregunta ¿me voy a morir?, ¿voy a salir de acá?, ¿usted ha visto otro paciente así?, ¿sabe cómo está mi familia?, tengo hijos chicos, vivo hacinado y te vas enterando de cosas más allá de lo netamente profesional, porque el paciente está asustado, angustiado, escuchar que la gente estaba sola, te toca escuchar todo eso y más, porque me tocó atender a pacientes de Santiago, que llegan solos y fallecen solos, con nosotros al lado, nada más, nosotros éramos lo más cercanos.”.
Agrega “había gente que se resignaba y me decía, sabe yo ya tengo como 70 años… y ahí tú le tenías que dar ánimos al paciente y cada vez que tu conversabas con ese paciente que no estaba intubado, consiente, se te iba como una hora en subirle el ánimo, todo eso nos absorbió”, comenta la técnico UPC.
Cynthia recuerda la angustia “de ver al paciente ahogado, donde uno se cuestiona qué más hago por esa persona, una importancia de no poder hacer más, pero lamentablemente el virus es así, te come los pulmones y el paciente se va al suelo en la parte respiratoria y ahí nos miramos, dándonos ánimos entre nosotros”.

La Tens recuerda que luego vino un brote de contagios en la UTI, “donde muchos funcionarios se comenzaron a infectar, yo creo que fue por miedo, terror de cómo enfrentar muchas cosas que pasaron”.
Por todo lo que ha visto en la Unidad de Paciente Crítico, Cynthia Báez aún no se explica cómo las personas que no respetan las medidas impuestas por las autoridades “la gente no quiere entender, dicen que esto le da a la gente mayor, mentira. Esto les da a todos, no discrimina edades, y nosotros hemos visto lo peor, hemos visto que hay muchos pacientes que se han muerto solos o familiares que se despiden desde una mampara”, expresa.
No obstante, reconoce que lo que le hace amar su profesión es cada vez que un paciente se va de alta en buenas condiciones “los primeros cuatro pacientes Covid se fueron de alta de la UTI a sus casas, ahí sientes una alegría inmensa, que todo lo que trabajaste, todo lo que hiciste vale la pena, te sientes orgullosa que el paciente no se murió, que salió adelante”, concluye orgullosa.
“UNO SE DESGARRA POR DENTRO”
Luego de ese brote de contagios que hubo en la UTI, lo que generó impacto a nivel de servicios por lo que al interior del recinto asistencial hubo que trasladar funcionarios para poder apoyar los servicios críticos, es aquí donde la Tens Elisa Espinosa Catalán fue trasladada desde el servicio de Psiquiatría Infantil hasta UPC del Hospital Regional donde lleva dos meses.
“En la UTI es harto el trabajo, cuando uno empieza un turno, te desconectas de afuera, entras a las 08:00 y vienes a darte cuenta que a la hora de almuerzo son las 2, y vuelves a trabajar y te das cuenta que son las 20:00 horas porque la gente no para de trabajar, es un lugar grande donde todos se mueven por el bien de los pacientes”, cuenta.
Y es que en la UPC, se trabaja en turnos de 12 horas, donde luego de estos cinco meses de extenuantes labores “se nota el cansancio, hay turnos y turnos, pero constantemente se mantuvo los turnos muy pesados de trabajo, donde uno no para en horas” comenta.
No obstante, agrega Elisa “estos últimos turnos quizás he visto menos pacientes, creo que esta última semana se vio un poco menos de pacientes porque estaba muy lleno. Ya no llegan traslados de Santiago, ahí estaba repleto de pacientes, ahí la UCI se sobrepasó y la UTI tuvo que ser UCI, era una gran UPC y medicina se transformó en UTI”.
Para continuar trabajando en el recinto asistencial y evitar contagios Elisa Espinosa tuvo que separarse de su hijo de 11 años y de su mascota; y llevarlos a la casa de los abuelos con quienes viven hace dos meses “hace dos meses nos separamos. Algunos fines de semana lo veo entendiendo que no hay riesgo y tomando todas las precauciones, pero inconscientemente tu cabeza te recuerda esa sensación que uno los puede infectar, da ese miedo que uno es la causa de ser el vector de contagio al acercarte a las personas que quieres”, expresa.
Cuenta que sin duda lo más duro de trabajar en UPC es el roce constante que existe con la muerte “antes trabajé en Urgencia y no es que asimile mucho la muerte, en Urgencia fallecía mucho más gente, es penoso, doloroso, conlleva muchas emociones; pero lo que se vive ahora, me tocó, porque ver que la gente fallece y con el protocolo de ahora, donde no hay contacto con el familiar, donde se elimina todo del paciente, y lo ponen en una bolsa mortuoria, queda una sensación extraña, para mí fue algo muy fuerte y uno se desgarra por dentro”.
Elisa cuenta que le marcó un turno donde había paciente joven que por las complicaciones de Covid murió “en un turno falleció un hombre de 30 años. Su señora estaba embarazada, por lo que le avisaron a los padres y hermanos. Le dieron permiso a su papá que se despidiera 5 minutos, vio a su hijo detrás de una mampara de vidrio, sin contacto. Antes cuando fallecía alguien, esa persona en la despedida besaba a su familiar, lloraban; se sentía diferente. Ahora ver a una persona que llora detrás de un vidrio, que no puede tocar a su hijo, que lo ve conectado a todo y tiene que irse porque va a morir, esas cosas son muy fuertes”.
No obstante, la Tens relata que en la otra cara de la moneda, se encuentra cuando un paciente evoluciona favorablemente en una unidad crítica, “eso te hace seguir” cuenta Elisa “nos alegramos mucho. Cuando una persona me da la mano y con un tubo en la boca me mira y me dice gracias, eso me paga todo el día, me hace sentir grata, feliz, eso es lo que me gusta y me llena, y eso te hace seguir el día a día, el que no pienses que tus pies están cansados, porque tienes fatiga o porque te transpira la cara con dos mascarillas, porque tienes que lavarte mil veces las manos y están todas secas y agrietadas, ese tipo de cosas borra el día tenso o lo que uno está pasando, gestos como esos gratifican y nos hacen seguir”, concluye Elisa.

