Por: D. Alexis Apablaza-Campos
Director de contenidos Player8.org
Exeditor de Deportes de El Rancagüino
Twitter @boleteador
Antes de la media hora final del partido ante Audax Italiano en La Florida, dos secuencias que capta la señal del CDF son bastante clarificadoras del presente de O’Higgins: tiro libre a favor para el cuadro celeste, Ramón Fernández pide a Matías Sepúlveda que se retire y que lo deje disparar tranquilo el lanzamiento; luego, en el área, Facundo Castro desplaza a Matías Meneses en una discusión que no parece ser la típica que puedan tener dos atacantes al distribuirse en el área rival.
Minutos más tarde, Víctor Fuentes reemplazaría a tres de los cuatro mencionados en esta secuencia; sin embargo, la producción ofensiva rancagüina no mejoraría en lo absoluto, sino que al contrario, Audax marcó de un tiro libre en directo en una jugada hábilmente preparada, pero que demostró –una vez más– las desatenciones de un equipo que observó sin moverse (portero incluido) cómo el punto que estaban obteniendo se fue al tacho de la basura.
Fuentes, uno de los referentes del ascenso del 2005 y ayudante de Cristián Arán en el primer equipo, expresó durante la semana que tenía toda la ilusión de ser más que un interino, pero el partido del jueves fue la comprobación para la familia Abumohor de que O’Higgins necesita un director técnico experimentado que saque del fondo a un equipo severamente alicaído.
Más allá de las cifras que circularon por la prensa local durante estos días, es evidente que la inversión para traer a Patricio Graff fue la más alta que el cuadro celeste ha realizado en su historia para un director técnico. El problema fue el llamado “mal de las sabanitas cortas”: mucho dinero para el cuerpo técnico, poco para reforzar adecuadamente la plantilla.
Graff podrá decir que no hizo un mal negocio viniendo a Rancagua. Le tuvieron una paciencia incomensurable ante unos resultados tan pobres que Mauricio Larriera, Óscar Meneses y Rubén Espinoza lo deben envidiar; y, debido a la pandemia, se fue de una manera tan calmada (sin la presión de la hinchada y con el bolsillo abultado) que Ivo Basay, Jorge Sampaoli y Roberto Hernández habrían soñado.
Así todos los caminos condujeron a Dalcio Giovagnoli, el argentino de 57 años tiene casi un cuarto de siglo de trayectoria en los banquillos, entre los que se cuentan cerca de una treintena de clubes y selecciones de su país, de Bolivia, de Ecuador, de Paraguay y de nuestro país.
Dalcio es un rosarino que jugó en el Newell’s de Bielsa, pero se considera como un renegado del ‘Loco’. “Es un privilegio haber trabajado con él, pero tuve entrenadores mejores”, ha repetido en más de una ocasión algo que podría deberse a su autodefinición como un jugador ‘zurdo rústico’.
En Chile, sorprendió con Rangers en el Clausura 2012, en Cobresal revolucionó al fútbol chileno coronándose campeón del Clausura 2015, y en 2017 llevó a Deportes Temuco a una histórica clasificación a la Copa Sudamericana. Sin embargo, en dos de estos equipos fue destituido meses después por malos resultados, incluyendo su última campaña con Curicó Unido en 2019.
Pero, ¿cómo juegan los equipos de Giovagnoli? Es cosa de buscar en el archivo y ver cómo la prensa nacional valoró sus buenas campañas “a partir del buen posicionamiento de sus hombres de la mitad de la cancha hacia atrás. Sus equipos saben captar las fragilidades del rival y aprovecharlas”.
Dentro de las complejidades del mercado en pandemia, O’Higgins ha contratado un entrenador experimentado y conocedor del medio local con un objetivo clarísimo: evitar el descenso. ¿Será la solución para revertir la peor campaña de la Sociedad Anónima? La respuesta la comenzaremos a descubrir el martes a las 16 ante Curicó en El Teniente.
