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Carta abierta a la Congregación de los Hermanos Maristas

 
Somos todos ex alumnos del Instituto O´Higgins, herederos de la educación marista.
Con dolor, rabia e incluso impotencia hemos visto por estos días como han quedado al descubierto los vergonzosos actos del hermano Abel Pérez en contra de menores de edad. Abusos sexuales que no deben quedar impunes.
Al mismo tiempo muchos de nosotros a la vez somos apoderados, no solo del Instituto O´Higgins sino también de otros colegios maristas, a la vez que somos profesionales que se desenvuelven en diversas áreas del conocimiento humano. En este contexto encontramos inexcusable la tardanza de la Congregación en reaccionar ante estos hechos, 7 años de silencio es demasiado tiempo.
No sabemos exactamente que personas tenían conocimiento de la confesión realizada por el hermano Abel a sus superiores, pero nos llama profundamente la atención que en 2015 –cuando al menos la cúpula marista conocía del caso- el hermano Abel haya recibido una medalla en el contexto de los 100 años del Instituto O´Higgins en una ceremonia realizada en el Estadio Marista, lugar donde muchos niños asistieron con sus familias. En este sentido consideramos que sería bueno que quienes con su silencio inexcusable encubrieron por tanto tiempo el accionar de este hermano, públicamente pidan perdón por su omisión. Ya sea por no haber hablado cuando debían o por haber tenido el deber de saber y así proteger a las víctimas.
Al mismo tiempo consideramos que poco se nos considera a nosotros, como ex alumnos, en el marco de la llamada “familia marista”. Sentimos que poco espacio institucional tenemos para entregar nuestros conocimientos y aporte a la obra de Marcelino Champagnat donde poco es considerada al mismo tiempo nuestra opinión.
En este caso particular de los abusos sexuales, nos llama la atención que en el colegio existan espacios de dialogo con los apoderados y con alumnos pero no con los ex alumnos, especialmente si lo que se busca es establecer por completo la verdad de lo acontecido.
En este sentido sentimos que no basta con pedir perdón, sino que se hace necesario establecer los hechos y las circunstancias que permitieron que por tantos años estos abusos se mantuviesen en silencio. Saber exactamente en que se falló tanto a nivel individual como institucional para tener un adecuado marco de protección hacia los alumnos y a partir de ese diagnóstico construir las instancias para que hechos de esta naturaleza nunca más ocurran en nuestra institución.
Al mismo tiempo cabe preguntarnos si existen otros hechos de los cuales no se tenga conocimiento, ya que al parecer de no mediar la confesión del hermano Abel a sus superiores, la congregación nada de esto habría sabido. En consecuencia solicitamos informar todo hecho que la Congregación pueda aún no haber dado a conocer a la comunidad.
Finalmente creemos que la protección hacia los niños y el mea culpa que la Congregación debe realizar no solo debe ceñirse al tema de los abusos sexuales, sino a todo hecho que afecte o haya afectado la dignidad de los alumnos de hoy o del ayer.
Alejandro Acevedo
Jorge Ramírez
Guillermo Garrido
Rodrigo Ponce
Diego Sepúlveda
Luis Fernando González
Alvaro Reyes
Francisco Cerda
Renzo Soto
Raúl Quilodran
Oscar Silva
Alejandro Inostroza
Cristian Inostroza
Javier Bustos
Claudio Cerda
Rodrigo Carreño
Carlos Domenech
César Alejandro Díaz (ex alumno IAE)
Hugo Silva
Ignacio Sanhueza
Gonzalo Mahave
Carlos Viera
José Aránguiz
Eduardo Vergara
Nicolas Castillo

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