EDITORIAL: El temor de la participación electoral.

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Más allá de los temores al contagio propios de la situación de pandemia que se vive en el país y en el mundo otro gran temor con relación al plebiscito que vivimos hoy domingo es la baja participación, ya que sea cual sea el resultado el que será legitimo y deberá ser acatado sea cual sea el porcentaje del padrón que participe, una eventual baja participación podría convertirse en complejos escenarios políticos para cualquiera de las dos opciones en disputa.

Para el apruebo sería complejo partir este proceso constituyente manchado por una posible ilegitimidad de origen por la baja participación y para el rechazo –de resultar ganador- no significaría el fin de los intentos reformistas, ni aseguraría el fin de las masivas marchas, precisamente por que eventualmente una importante cantidad de chilenos no habría participado de la decisión, al mismo tiempo que sería complejo leer que podría significar una alta abstención ya que se mesclaría una profunda desconfianza sobre la política, el temor al contagio o el desinterés por una situación que aparentemente no resolvería los problemas cotidianos de la gente. Esperemos que el lunes tengamos entonces que hablar solo de los resultados y no de la baja participación.

Aunque finalmente, si la participación es baja, por lo que se le podría críticar al proceso falta de legitimidad, en un contexto democrático la legitimidad está determinada por el cumplimiento de las reglas formales en los procesos electorales. Y no tenemos duda en el plebiscito de hoy  será transparente y fue una elección informada. En Chile la norma vigente no establece un mínimo de participación electoral, el triunfo se lo lleva aquél(la) que saca el 50% de los votos +1. Por lo pronto, lo único casi seguro que, si no se logra que al menos la mitad del padrón vote, se va a abrir un debate sobre la legitimidad del mismo.

Es que finalmente hoy estamos decidiendo sobre mucho más que cuatro años de gobierno, una Constitución consagra derechos y deberes de la ciudadanía, y es la base del ordenamiento del Estado para la convivencia de la sociedad.

Afortunadamente los pronósticos no son malos. Diferentes encuestas y estudios de opinión realizados en los últimos meses han revelado alto interés, pero esperar una abrumadora concurrencia a las urnas el, que era la apuesta hasta marzo de este año, parece ser algo un poco aventurado.

Chile hoy  tiene la oportunidad de resolver el problema del cambio constitucional en un marco de convivencia cívica e institucional, donde no todos estarán de acuerdo en una Asamblea Constituyente, pero tener diversas visiones es legítimo y enriquece el debate.  Finalmente, la democracia solo se resuelve con más democracia.

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Luis Fernando González.

Sub Director.

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