Para los católicos la partida del Papa Francisco caló hondo. Más para quienes somos de este lado del mundo, pues la máxima autoridad de la Iglesia Católica era latino y también futbolero.
Su pasión por el Cuervo, San Lorenzo de Almagro, no quedó de lado ni siquiera al ser nombrado como la cabeza del catolicismo, pues vez que podía le dedicaba tiempo a ver partidos de su equipo. Ni siquiera porque Coco Basile lo echó de un vestuario cuando era solo un sacerdote de barrio, le quitó su amor por la pelota.
Además, Francisco, que adoptó aquel nombre en honor a uno de los santos más queridos por los pobres, Francisco de Asís, se mostró cercano siempre, inclusive cuando tuvo que tomar decisiones en contra de su propio clero cuando varios de ellos fueron acusados de abusos de menores.
El Papa, que también visitó Chile en 2018, dejó huella en los jóvenes de la región, pues más de 6 mil viajaron y compartieron vigilia en el Parque O’Higgins para presenciar la misa encabezada por su santidad. Aquel día, 400 mil fieles acudieron al lugar, así como lo hizo Juan Pablo II a fines de los años 80.
“Cuánto conoce el corazón chileno de reconstrucciones y de volver a empezar, cuánto conocen ustedes de levantarse después de tantos derrumbes, a ese corazón apela Jesús; para que ese corazón reciba las bienaventuranzas”. (…) “Las bienaventuranzas no nacen de actitudes criticonas ni de la ‘palabrería barata’ de aquellos que creen saberlo todo, pero no se quieren comprometer con nada ni nadie”, expresó Francisco durante ese encuentro.
Así mismo, tuvo palabras para recordar a San Alberto Hurtado. “Está muy bien no hacer el mal, pero está muy mal no hacer el bien”.
Fueron muchas lecciones las que dejó, y sin duda quien lo suceda tendrá también una tarea para seguir encantando a los fieles y que estos vuelvan a confiar.
