“Nos duele que hermanos nuestros hayan muerto realizando su trabajo, con el cual colaboraban en la grandeza de Chile y sacaban adelante a sus familias” fuero parte de las palabras de la homilía del obispo de Rancagua, monseñor Guillermo Vera, quien al mediodía de este domingo presidió una emotiva eucaristía en la Iglesia Buen Pastor, en la que pidió por la fortaleza de los familiares de los trabajadores fallecidos en el accidente ocurrido el jueves último en la División El Teniente, así como por quienes participaron en las labores de rescate.
En la misa, en la que se encontraban presentes autoridades comunales y regionales, el prelado recordó la tragedia del humo de 1945, en la que fallecieron 350 mineros, subrayando que, si bien en la minería se han implementado altos estándares de seguridad, “en la vida siempre hay imponderables, y hoy nos toca vivir uno de esos momentos de dolor y angustia”, dijo.
En esta línea, el obispo invitó a reflexionar sobre la fragilidad de la vida. “Nuestra vida es como la hierba del campo: en la mañana está llena de vida, pero se marchita. Que no se nos olvide que no llevamos los hilos de nuestra existencia y que aprendamos a vivir con más humildad y agradecimiento”.
También destacó la presencia de Dios incluso en las tragedias. “Dios estaba ahí, en la mina, presente para dar fuerza, consolar y recibir a quienes morían. Estaba iluminando capacidades y voluntades para rescatar y llevar esperanza en medio del dolor”.
Monseñor Vera pidió oraciones por todos los mineros y especialmente por quienes trabajaron en el rescate “Recemos por las familias de nuestros hermanos que han muerto, por su descanso, y por quienes siguen trabajando con profesionalismo. No se olviden de rezar cada día al entrar a la mina, pero tampoco nosotros al comenzar nuestras tareas: en tu nombre, Señor, y contigo”.
La celebración concluyó con una bendición especial, pidiendo que este dolor no se pierda, sino que “nos una como familia y nos haga fecundo el deseo de cuidarnos unos a otros”.

