Hay personas que se convierten en pilares fundamentales al interior de las instituciones y cuyas trayectorias así lo demuestran. Un ejemplo de ello es Pedro Gómez Rojas (74), ingeniero agrónomo que cumplió 51 años de trabajo, esfuerzo, compromiso y aporte al Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), a la Región de O’Higgins y al desarrollo agrícola y exportador del país. Hoy se prepara para dejar su entorno laboral tras acogerse a su jubilación.
Luego de obtener su título académico de la Pontificia Universidad Católica en 1975, Gómez ingresó al SAG para desempeñarse en labores de extensión agrícola en distintos predios pertenecientes a la CORA (Corporación de la Reforma Agraria), donde asesoró y capacitó a los asentados y trabajadores de los predios expropiados. En 1979 aceptó ser el administrador agrícola de predios de Ramón Achurra Larraín, en Coltauco y Codegua, dedicados al cultivo de maíz, frutales y viñedos, además de la producción de pollos y la engorda de novillos. En 1981 se desempeñó durante dos años en un programa de desarrollo rural de la Intendencia Regional, junto con el IICA (Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura de la OEA), entregando asesoría y capacitación a pequeños agricultores de distintos lugares de la región, como Pichidegua, San Vicente, Peumo, Las Cabras, Paredones, Navidad y La Estrella.
Después, el programa tuvo continuidad en Navidad, donde se potenciaron actividades con las comunidades mediante talleres de invernaderos de flores y hortalizas, plantaciones de frutales y mejoramiento de cultivos. “Esto potenció el futuro de la zona de Rapel y Matanzas en materia turística”, recuerda don Pedro, ya que se buscaba proveer de alimentos a la población y a los visitantes, así como vender flores a la zona de San Antonio. Vale mencionar que esta iniciativa fue pionera en Chile, ya que se convirtió en el primer programa de apoyo a la Agricultura Familiar Campesina y dio inicio a los programas posteriores que surgieron en INDAP.
Fue en 1985, cuando con su esposa y cuatro hijos, decide regresar a Rancagua y reincorporarse al SAG para hacer inspección de fruta de exportación, en plena época de apertura a los mercados mundiales. “Los puertos estaban abarrotados de camiones esperando inspección. Junto a un equipo de agrónomos y técnicos participamos en los inicios del programa de inspección que permitió responder al crecimiento de las exportaciones frutícolas en los programas de origen y de USDA-SAG”, explicó, refiriéndose al gran desafío que significó trasladar la responsabilidad de inspeccionar en los puertos a realizar esta labor desde su origen: las plantas exportadoras.
“Esta acción pasó a ser parte importante de la labor del SAG en esta región debido al número de cajas que debían certificarse antes de salir del país. Nuestra responsabilidad sigue siendo garantizar la condición fitosanitaria de todos estos productos”, agregó Gómez Rojas.
A esta labor se sumó su presencia en viveros y cuarentenas agrícolas, ámbitos que permitieron, en ese entonces, introducir y desarrollar nuevas variedades competitivas. “Recuerdo lo realizado con el vivero de Requínoa y el desarrollo de los carozos; que junto a otros viveros incorporaron después nuevas variedades de manzanas, vides y otras especies”, explicó.
DIRECCIÓN SAG RANCAGUA
El 15 de noviembre de 1991, Pedro Gómez fue nombrado jefe de la oficina SAG Rancagua, vinculando la dirección administrativa con labores relacionadas con las áreas agrícola, pecuaria y de recursos naturales. “Fue una época en que los problemas fitosanitarios asociados a la fruta adquirían notoriedad mediática y política que iba mucho más allá de lo técnico. Vale recordar la mosca de la fruta o lo que pasó con la uva contaminada con cianuro en Estados Unidos”, recordó el profesional.
Dicho período coincidió también con el inicio de la actividad exportadora de carnes en la Región de O’Higgins. “Asumimos la responsabilidad de certificación, lo que hizo que Rancagua se transformara en una de las oficinas más relevantes del país, desde lo técnico y ligado a las exportaciones”, indicó.
Esto implicó nuevas necesidades en el servicio, como contar con mayor espacio para más profesionales debido al crecimiento exponencial de la actividad exportadora y de inspección. Así, pasaron de contar con una oficina de 60 metros cuadrados a una de 500.
“Participé y lideré gestiones para concretar (en 1996) la adquisición de nuevas dependencias (hoy en Gamero 333), donde incluso existe una placa con mi nombre, algo que es un orgullo personal, aunque un poco raro”, opinó don Pedro.

LEGADO
Su historia está llena de hitos que para don Pedro pueden ser parte natural de su desempeño, pero que, mirados en perspectiva, representan una contribución importante a la historia y al desarrollo del SAG en la región, como haber participado en procesos como la erradicación de la mosca de la fruta, el desarrollo de los sistemas de inspección de exportaciones, la incorporación de nuevas variedades agrícolas y el crecimiento de la oficina de Rancagua.
Además, Gómez fue parte de la transformación del servicio en cuanto a funciones, procedimientos y uso de tecnología, y estuvo 26 años consecutivos a cargo de la oficina Rancagua. Y no podemos dejar de mencionar los casi 20 años de docencia en Inacap donde por su aula pasaron muchos de los actuales Técnicos e Ingenieros Agrícolas titulados en la región.
“Al mirar estos 51 años siento un profundo orgullo por haber desarrollado prácticamente toda mi vida profesional en el SAG y por haber podido contribuir al desarrollo agrícola, pecuario y exportador de esta región”, dijo.
Su labor quedara por siempre en el corazón y la memoria de toda una institución y región.
Le agradecen su esfuerzo sus hijos, sus nietos y “los que vendrán”.








