Cuando el rio suena…

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Hay coincidencias que pueden ser simplemente eso: coincidencias. Pero cuando comienzan a acumularse, cuando los mismos nombres aparecen en distintos países y las mismas formas de hacer política se repiten, al menos corresponde hacerse algunas preguntas.

Fernando Cerimedo es un consultor argentino especializado en estrategia política digital. Trabajó con Javier Milei, estuvo vinculado al bolsonarismo y más recientemente asesoró al presidente boliviano Rodrigo Paz.

Nada particularmente reprochable hay en eso. Las campañas contratan asesores, estudian públicos y utilizan redes sociales para persuadir.

El problema comienza cuando se pasa de intentar convencer a los ciudadanos a fabricar la apariencia de que miles de ciudadanos ya están convencidos.

En 2023, una investigación internacional publicada en Chile por CIPER y LaBot entrevistó a Cerimedo. Él mismo reconoció utilizar trolls y disponer de cuentas creadas artificialmente para influir sobre los algoritmos y aumentar la relevancia de determinados contenidos. También reconoció operaciones en Chile.

Ahí está el punto de fondo. Una cosa es difundir una opinión. Otra es multiplicarla mediante identidades falsas hasta hacerla parecer mayoritaria, espontánea o socialmente dominante.

Eso no es simplemente estrategia digital; es manipular la conversación pública.

Cerimedo conoce bien nuestro país. Su empresa Numen participó durante el proceso constitucional y en 2020 realizó una polémica encuesta que mostraba una competencia estrecha entre Apruebo y Rechazo. El resultado terminó siendo 78,27% para el Apruebo.

Posteriormente se supo que empresarios partidarios del Rechazo habían contratado trabajos de su empresa.

Nada ilegal existe en defender una opción electoral ni en contratar una encuesta.

El problema vuelve a ser el mismo: cómo se intenta influir sobre la percepción pública.

Y aquí aparece José Antonio Kast.

En octubre de 2023, La Tercera publicó un reportaje sobre el equipo digital de Milei. Allí Agustín Romo, entonces director de comunicación digital del candidato argentino, fue consultado por Cerimedo.

Su respuesta fue directa: “Sí, Fer trabaja con nosotros y sí trabajó en las campañas de Kast y Bolsonaro”.

No lo dijo un adversario de Kast. Lo dijo alguien que trabajaba junto a Cerimedo.

Y hasta hoy sería interesante conocer algo bastante sencillo: ¿en qué campaña de Kast trabajó?, ¿qué hizo?, ¿quién lo contrató?, ¿su participación estuvo relacionada con estrategia digital?

Preguntar eso no significa afirmar que Kast operaba bots.

Pero la pregunta adquiere relevancia cuando recordamos lo ocurrido durante la última campaña presidencial.

Evelyn Matthei denunció durante meses una ofensiva digital destinada a instalar que padecía Alzheimer. No se trataba de una crítica política. Era una falsedad sobre su salud.

Chilevisión investigó posteriormente una red de perfiles anónimos que participaban en campañas contra Matthei y también contra Jeannette Jara.

Kast negó que su campaña estuviera detrás y  no existe prueba pública que permita sostener lo contrario.

Pero la reacción política resulta interesante.

Cuando Jara lo emplazó a pronunciarse sobre aquellas redes, Kast respondió que no iba a caer en “polémicas artificiales”. Más tarde, ante Matthei, terminó señalando: “Pucha, lo siento, esto no puede suceder”.

La historia tampoco era completamente nueva.

En 2021, durante la campaña presidencial, Kast emplazó a Gabriel Boric a transparentar antecedentes médicos y realizarse un examen de drogas.

Poco después comenzó a circular una supuesta ficha clínica que atribuía a Boric problemas de adicción. Era falsa.

La propia Clínica IMET tuvo que desmentir públicamente que Boric hubiese sido paciente suyo.

Nunca se demostró que Kast ordenara fabricar aquel documento y sería irresponsable afirmarlo.

Pero el mecanismo merece atención. Primero se instala una sospecha, luego aparece una supuesta prueba, después cuentas anónimas la multiplican y finalmente el afectado queda obligado a demostrar que aquello que nunca ocurrió es falso.

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No hace falta que todos crean la mentira. Basta con sembrar la duda.

Por eso llaman la atención las palabras pronunciadas recientemente por José Antonio Kast, ya como presidente de la República.

El pasado 18 de agosto condenó públicamente el hostigamiento digital y a los “famosos trolls”, afirmando que siempre los había condenado “sin matices”.

Bienvenida sea esa condena.

El problema es el “siempre”. Porque cuando las víctimas fueron Matthei, Jara o Boric, la reacción no tuvo siempre la misma contundencia.

Una práctica no se vuelve reprochable recién cuando comienza a afectar a los nuestros.

Y aquí está la discusión que realmente importa.

No se trata de bots de izquierda o bots de derecha; se trata de proteger la deliberación democrática.

Cuando miles de cuentas artificiales pueden fabricar una tendencia, instalar una acusación o aparentar un apoyo ciudadano inexistente, lo que se altera no es solamente un algoritmo.

Se altera la percepción de la realidad.

Hace pocos días Cerimedo fue detenido en Bolivia. Posteriormente se informó del hallazgo de equipamiento descrito por autoridades y medios como una pequeña “granja de bots”.

Y casi simultáneamente desaparecieron de X dos conocidas cuentas chilenas vinculadas al ecosistema digital de la campaña pasada: Neuroc y Dress.

Hay que ser rigurosos. Neuroc había anunciado previamente su retiro. No existe prueba pública de que Cerimedo administrara esas cuentas. Tampoco existe evidencia de que Kast haya ordenado una operación de desinformación.

No lo sabemos.

Pero tampoco necesitamos inventar lo que falta. Sabemos que Cerimedo reconoce utilizar cuentas artificiales, sabemos que operó en Chile, sabemos que trabajó con sectores del Rechazo, sabemos que el director digital de Milei afirmó que trabajó en campañas de Kast, sabemos que hubo campañas de desinformación contra Matthei y Jara; y también sabemos que hoy Kast condena con fuerza una práctica frente a la cual anteriormente fue bastante menos enfático.

La democracia consiste en intentar convencer a los ciudadanos, no en hacerles creer que miles de ciudadanos ya fueron convencidos.

Y cuando comienzan a repetirse los nombres, las técnicas y las coincidencias, quizás el viejo refrán siga teniendo alguna utilidad.

Cuando el río suena…

Fabio López Aguilera

Ex Delegado Presidencial Regional de O’Higgins

Administrador Público, Magíster en Docencia Universitaria.

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