El principal dilema en que nos encontramos quienes nos desarrollamos en el área inmobiliaria, es la coyuntura que vive en estos tiempos el mercado y la dificultad para lograr equilibrar los intereses de los actores con las tendencias del mercado; tendencias que obedecen a factores macroeconómicos, sociales, culturales y políticos.
Es normal encontrarse con valores más bien emocionales que reales y un profundo desconocimiento de aquellos propietarios o inversionistas que no logran asimilar los cambios de status de los barrios, producto de la desidia y malas decisiones políticas y administrativas de los municipios. Se evidencia una tendencia a profundizar el deterioro de los centros históricos, en vez de ingeniarse con ideas y acciones de puesta en valor. Paradójico.
Es evidente que la historia reciente en nuestro país con el llamado “estallido Social”, la inseguridad en las inversiones por causas políticas y el cambio mundial del comercio detallista que tenía por misión poner en las manos del consumidor los bienes y servicios; son factores determinantes en la hora de valorizar las propiedades comerciales, por ejemplo. Ya no valen lo que valían hace 6 años, ni los arriendos podrán volver a esos tiempos de holgura y altas rentas. Sin embargo, las propiedades siguen porfiadamente en alza, a pesar de encontrarnos en una situación peor que la crisis asiática y la sub prime, según se constata en que las ventas de viviendas, por ejemplo, anteriores al estallido social fueron de 17 mil unidades y el año 2023, de sólo 13 mil unidades. Según los analistas existe un fenómeno estructural en el alza de los terrenos y una baja en los ingresos, por consiguiente, los resultados en las ventas minoristas de los locales comerciales han disminuido en no menos del 20% real, por lo que el circulo vicioso te lleva a la incapacidad de financiar arriendos de promedios históricos.
En términos simples, si los valores de arriendos comerciales no bajan, persistirá la vacancia de locales en los centros de las ciudades, lo que llevará a los inversionistas a explorar fuera de los centros tradicionales generando un abandono del damero central. Simple y catastrófico. Y para aumentar aun el escenario sombrío, el estándar de comercios decae en términos de calidad y propuesta, dando paso a los Mall Chinos, Salones de Juegos de Azar y huida de las marcas tradicionales, lo que provoca un escenario nefasto en términos de entorno, seguridad y calidad de vida; lo que además, disminuye las ventas de los establecidos.
La tendencia de los Strip center, Centro Comerciales a los alrededores de las ciudades y la renovada arquitectura, limpieza, seguridad y confort que logran estos proyectos, conspiran al deterioro del centro de las ciudades y donde los alcaldes pareciera que están empecinados en aportar a su destrucción. Es cuestión de dar un paseo por las calles de Rancagua para constatar esta realidad. Los kioskos de calle Brasil, que en algún momento fueron autorizados por precariedad pero que hoy no existe esa condición en sus actuales propietarios. Locales que se toman más espacios del autorizado y que enrejan las veredas, construyen muros de rejas y crean verdaderos túneles de alta peligrosidad. Pero la autoridad ausente y silente; multiplicando la sensación de inseguridad. Ni hablar de la proliferación de la destrucción de las antiguas casas para convertirlas en estacionamientos.
El valor de las ciudades, el turismo, la calidad de vida de los vecinos se deteriora cada día más. Y por consiguiente los emprendimientos cierran sus puertas, aumenta el desempleo, las deudas proliferan y los beneficios por impuestos y patentes bajan abruptamente. Un círculo vicioso que podría detenerse tan solo con mejores decisiones y una mirada proactiva y de futuro. Pensando en la gente y la calidad de vida de los ciudadanos.
Alfonso Olave
Director www.storge.cl
