Por: Álvaro Astudillo, Director de la Escuela de Ciencias Sociales, Universidad de O’Higgins.
Si bien en las últimas décadas, a nivel mundial y en particular en nuestro país, se ha logrado controlar de manera exitosa el desempleo, a través de políticas que fomentan el crecimiento económico, el logro de este objetivo no siempre ha sido acompañado de acciones que aseguren el acceso a trabajos dignos, los cuales sean capaces de dar respuesta a las necesidades y aspiraciones de las y los trabajadores.
El 3 de mayo de 1999, en el marco de la 87° Conferencia Internacional del Trabajo, el abogado chileno Juan Somovía, quien por aquel entonces era el Director General de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), publica el documento “Memorias de Director: Trabajo Decente”, escrito en el cual se habla por primera vez del concepto de trabajo decente y se sientan las bases de su desarrollo futuro, considerando los cambios acelerados que se pronosticaba vendría en el mundo del trabajo.
El concepto de trabajo decente busca reconocer y sintetizar los anhelos y necesidades de las personas en relación con el mundo del trabajo, entendiendo que gran parte de nuestras vidas se ocupa trabajando. Este concepto genera un marco que permite analizar el fenómeno del empleo no solo asociado a las cifras que comúnmente se utilizan para medirlo, como son las tasas de ocupación, informalidad, desempleo, entre otras, sino que además permite dar cuenta de cómo el desarrollo del mundo del trabajo aporta a la vida de las personas, a través de la protección social, el desarrollo de los derechos de los trabajadores, el reconocimiento del aporte de las y los trabajadores a través de salarios justos y la promoción del diálogo social.
En Chile, el 2008 se firma un convenio entre el Ministerio del Trabajo y Previsión Social, la Central Unificada de Trabajadores (CUT), la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC) y la OIT, para desarrollar el Programa Nacional de Trabajo Decente, iniciativa que tiene por objetivo el desarrollo de políticas y acciones en el ámbito sociolaboral, que apunten a mejorar las condiciones laborales de las y los trabajadores, en el marco de las competencias que cada uno de los firmantes tiene.
El 02 de agosto de 2015, 193 países pertenecientes a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) suscribieron su participación en la agenda de desarrollo sostenible, la cual considera 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) a trabajar con miras al año 2030 (Agenda 2030). Dentro de los 17 ODS, se incluye el concepto de trabajo decente en el objetivo 8°: Trabajo decente y desarrollo económico, el cual busca “promover el crecimiento económico inclusivo y sostenible, el empleo y el trabajo decente para todos”.
Dada la relevancia que ha cobrado el concepto de trabajo decente en las últimas décadas, se reconoce la necesidad de medir el fenómeno, para dar cuenta de los avances que se tengan en la materia. Es así como el 2017, con base en las recomendaciones de la OIT en materia de medición del trabajo decente, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) en conjunto con el Servicio Nacional de Capacitación y Empleo (SENCE), realiza una primera propuesta metodológica de medición del trabajo decente en Chile, considerando su realidad multidimensional. Esta primera propuesta trabaja en base a 13 dimensiones, asociando indicadores medibles para cada una de ellas. Estas dimensiones consideran aspectos como: oportunidades de empleo, tiempo de trabajo decente, compatibilización trabajo-familia, ambiente seguro en el trabajo, desarrollo de habilidades y capacitaciones, igualdad de oportunidades y trato en el trabajo, entre otros.
Dado este contexto, en materia del trabajo decente, tanto a nivel país como en la región, aún tenemos enormes desafíos por delante. Si bien se comenzó con una medición nacional al respecto, ésta no se mantuvo y hoy en día, no tenemos certeza de los avances que existen en las 13 dimensiones definidas para medir el trabajo decente. Aun cuando en la región existen iniciativas que buscan abordar el tema, como lo es el proyecto “Diseño e Implementación de un Modelo de Gobernanza Regional por el Trabajo Decente en el Agro”, impulsado por el Observatorio Laboral de la Universidad Estatal de O’Higgins, es necesario consolidar un sistema regional que permita no solo medir el trabajo decente, sino que además desarrollar iniciativas concretas que apunten a mejorar las distintas dimensiones del trabajo decente en la región, a través del diálogo constante de los agentes que participan en el mundo del trabajo y el aporte de recursos, públicos y privados, con los cuales se logre la puesta en marcha de políticas regionales relacionadas con este tema, las cuales deberían perdurar más allá de los movimientos políticos o de gobernanza que existan en el corto plazo, considerando que cualquier cambio que se quiera emprender en la materia, es de largo aliento, dado que son culturas, visiones y formas de hacer las cosas lo que se debe modificar, lo que no ocurre, como se dice coloquialmente, de la noche a la mañana.
Si bien es grande el desafío, no debemos olvidar la capacidad que cada uno de nosotros tenemos de generar cambios en nuestra realidad, haciéndose necesario, en primera instancia, informarse sobre el desarrollo del concepto de trabajo decente en la región para luego, a través de acciones pequeñas y locales que apunten a mejorar nuestras condiciones en el mundo del trabajo, se logre generar cambios a gran escala.
