Corría el 16 de agosto de 2010 cuando, tras las secuelas del devastador terremoto de aquel año, un pequeño grupo de cinco excompañeros de trabajo decidió organizarse para brindar ayuda a las familias más vulnerables del sector de Chacón.
Aquel impulso solidario, encabezado por el recordado trabajador Carlos Gálvez, fue la semilla de lo que hoy es el Grupo de Sewellinos «Carlos Gálvez», una agrupación de expersoneros mineros que, tras décadas de faena en las cordilleras de O’Higgins, continúa reuniéndose sagradamente cada mes, para cultivar la amistad y el recuerdo.
Así lo relata Juan Carlos Poblete Soto, vocero y miembro fundador del grupo, quien ingresó a las instalaciones mineras y vivió de cerca la época de oro del emblemático campamento de Sewell.
«Nosotros nos conocemos desde los años 60 y 70. Éramos compañeros en las plantas de San Carlos Sur, Molienda Seca y Molienda Mojada. Aunque al principio nos conformamos para realizar beneficios navideños, comprando alimentos y ropa de nuestro propio bolsillo, con el paso de los años y la llegada de la pandemia fuimos transformando este espacio en un encuentro de camaradería y memoria», explica Poblete.
Un lazo de más de cuatro décadas
Los integrantes del grupo, que actualmente bordea los 27 miembros con edades y promociones diversas, comparten una trayectoria laboral de entre 35 y más de 40 años de servicio. No obstante, más allá del trabajo diario en los molinos, lo que une a esta agrupación es el profundo arraigo con el ex campamento minero.
«Más que el trabajo en sí, lo que uno realmente echa de menos es Sewell como ciudad, el campamento donde la mayoría nacimos, nos criamos y vivimos. Dicen que la memoria tiene vida, y por eso nos juntamos, para recordar a los amigos, a las personas que pasaron y a los que ya se fueron», reflexiona Juan Carlos.
Fieles a su espíritu horizontal y autoorganizado, la agrupación no cuenta con directiva ni cargos formales, únicamente con coordinadores encargados de la logística para sus citas. Asimismo, mantienen un límite acotado de participantes para preservar la tranquilidad, el respeto y la convivencia familiar que los ha caracterizado durante más de 16 años de trayectoria formal como grupo.
El último viernes de cada mes, los exmineros se dan encuentro en el céntrico restaurante «El Encuentro» de Rancagua, para compartir una cena, anécdotas del trabajo cordillerano y risas, demostrando que, aunque la minería haya quedado atrás y todos estén pensionados, el espíritu del «Ciudad de las Escaleras» permanece intacto.










