Cambio de hora: cómo preparar el organismo para dormir mejor y evitar el cansancio

Este sábado 5 de septiembre gran parte de Chile adelantará una hora sus relojes. Especialista entrega recomendaciones para adaptar el sueño y reducir los efectos del cambio en los primeros días.

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Este sábado 5 de septiembre, gran parte de Chile dará inicio al horario de verano. A las 24:00 horas, los relojes deberán adelantarse una hora, pasando directamente a las 01:00 del domingo 6 de septiembre. El cambio no se aplicará en las regiones de Aysén y Magallanes y la Antártica Chilena, que mantienen durante todo el año el huso horario UTC-3.

Aunque modificar el reloj en 60 minutos puede parecer un cambio menor, el organismo no necesariamente se adapta de inmediato al nuevo horario. Durante los primeros días pueden aparecer cansancio, somnolencia, dificultades para dormir, problemas de concentración e incluso cambios transitorios en el estado de ánimo.

Jonás Hormazábal, docente adjunto y coordinador académico de la carrera de Enfermería de la Universidad de O’Higgins (UOH), explica que el organismo cuenta con un “reloj biológico” que regula procesos como el sueño, la vigilia, la temperatura corporal, la secreción de melatonina y los niveles de alerta durante el día.

Este funcionamiento está estrechamente relacionado con los ciclos de luz y oscuridad. Por eso, aunque el reloj avance solo 60 minutos, el cuerpo no necesariamente se ajusta de inmediato.

“Un cambio brusco en los horarios puede generar, durante algunos días, un desajuste entre nuestro horario social y nuestro ritmo en el diario vivir”, explica Hormazábal.

¿Cómo afecta el cambio de hora al sueño?

Una de las consecuencias más frecuentes es una alteración temporal del patrón de sueño. Algunas personas pueden tener dificultades para quedarse dormidas, despertarse durante la noche, levantarse antes de lo habitual o sentir que el descanso no fue suficientemente reparador.

En este cambio, además, al adelantarse el reloj existe el riesgo de reducir el tiempo destinado a dormir si se mantiene exactamente la misma rutina.

“Esto puede traducirse en mayor somnolencia durante el día, cansancio, menor sensación de descanso y dificultades para mantener la atención, pero por lo general suelen ser transitorios y no debiese superar una semana”, señala el académico.

La respuesta, sin embargo, no es igual para todas las personas. Quienes habitualmente se acuestan o funcionan más tarde pueden enfrentar mayores dificultades para adaptarse al nuevo horario.

¿El cambio de hora puede afectar el estado de ánimo?

Los efectos no se limitan al sueño. Un descanso insuficiente o de menor calidad también puede influir en la concentración, el desempeño cotidiano y la capacidad de regular las emociones.

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“Cuando dormimos menos o nuestro descanso es de menor calidad, podemos sentirnos más irritables, menos motivados o con menor capacidad para regular nuestras emociones”, sostiene Hormazábal.

El profesional aclara que esto no significa que el cambio de hora, por sí solo, provoque un trastorno de salud mental. Sin embargo, recuerda que existe una estrecha relación entre descanso, regulación emocional y bienestar psicológico.

“Cuidar el sueño también es cuidar nuestra salud mental”, enfatiza.

¿Quiénes pueden tener más dificultades para adaptarse?

Niños, adolescentes y personas mayores pueden requerir especial atención durante los días posteriores al cambio.

En la infancia, mantener rutinas adecuadas de sueño contribuye al desarrollo, el aprendizaje y la regulación emocional. En los adolescentes, en tanto, existe una tendencia a dormir y despertar más tarde, lo que puede entrar en conflicto con jornadas escolares o laborales que comienzan temprano.

En las personas mayores también es importante observar posibles cambios, especialmente cuando existen rutinas de sueño consolidadas o condiciones que afectan el descanso.

De todas formas, Hormazábal precisa que no existe una respuesta única. “La capacidad de adaptación es individual y propia de cada persona”, señala.

¿Cómo prepararse para el cambio de hora?

Una de las principales recomendaciones es anticiparse al cambio. Según el académico, dos o tres días pueden ser suficientes para comenzar a modificar progresivamente las rutinas de sueño.

La idea es adelantar poco a poco la hora de acostarse y levantarse, en lugar de realizar el cambio de manera brusca.

También se recomienda:

  • Mantener horarios regulares para acostarse y levantarse.
  • Exponerse a la luz natural durante la mañana, ya que ayuda a regular el reloj biológico.
  • Reducir la exposición a pantallas y a iluminación intensa antes de dormir, especialmente durante las horas previas al descanso.
  • Mantener un ambiente adecuado para dormir, tranquilo y confortable.
  • Evitar comidas muy pesadas y productos estimulantes cerca de la hora de acostarse.
  • Procurar que durante los fines de semana los horarios de sueño no cambien drásticamente.

Desde la Enfermería, Hormazábal plantea que el descanso debe evaluarse no solo por la cantidad de horas dormidas, sino también por su calidad y por la forma en que influye en el funcionamiento durante el día.

“No basta con preguntar cuánto duerme; también debemos interesarnos por cómo está durmiendo, cómo se siente durante el día y si el descanso está alterando su funcionamiento, relaciones interpersonales y su bienestar en general”, explica.

El cambio de hora puede ser también una oportunidad para revisar los propios hábitos de descanso y prestar mayor atención a una necesidad que suele quedar relegada frente a las obligaciones cotidianas.

“Dormir bien no es tiempo perdido, sino una necesidad biológica y una inversión en nuestra salud, incluyendo lo emocional. El descanso adecuado contribuye a nuestra capacidad de concentración, desempeño en el diario vivir y bienestar general”, concluye Hormazábal.

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