-Algunos acusan que la ley de inclusión laboral no ha sido del todo potente argumentando falta de fiscalización para su cumplimiento. Otros aseguran que las empresas o instituciones prefieren contratar a personas con discapacidades leves o simplemente excusarse en el marco de esta ley. Pese a ello, recogimos testimonios de personas que sí han podido desarrollarse laboralmente, pero concuerdan a su vez que falta aún mucho por avanzar tanto en cultura como en condiciones y reglamentos.
Por: Ximena Mella Urra.
Ya van cuatro años desde la puesta en marcha de la Ley de Inclusión Laboral N°21.015, normativa que exige que todas las empresas, el Estado y las reparticiones públicas con más de 100 trabajadores(as) cuenten con 1% de su planta ocupada por personas con discapacidad. Pero sólo el 39,5% de las empresas en obligación legal cumplen con esta norma, mientras que, en el Estado y las reparticiones públicas, esta cifra llega al 24% de acatamiento.
El último Estudio Nacional de Discapacidad data del 2015, el cual estimó que el 20% de la población chilena adulta (18 años y más) contaba con algún tipo de discapacidad (más de 2 millones 606 mil personas). Específicamente, se indicó que el grupo de población en edad de trabajar (18 a 65 años) arrojó más de 1 millón 663 mil personas (15,3%), pero del total de adultos con discapacidad solo el 39,3% se encontraba ocupada. Cinco años después esta cifra cambiaría drásticamente con la llegada de la pandemia.
Si bien la clave para la inclusión laboral efectiva en personas con discapacidad intelectual son los incentivos y la promoción de una cultura inclusiva tanto en la sociedad como al interior de las empresas e instituciones, existen aún muchas dificultades en la práctica. Algunos datos aseguran que una de cada 10 personas con discapacidad egresa de Enseñanza Media y uno de cada dos sale de octavo básico.
A lo anterior debemos sumarle que a pesar de la obligatoriedad de la norma, la pandemia trajo retrocesos en esta materia ya que fueron desvinculadas de sus trabajos casi un 36% de personas con discapacidad (antes del Covid la cifra de desvinculación llegaba al 14,6%). Pese a esto, el número de empresas que realizan inclusión de personas con discapacidad aumentó de un 24,4% en el 2019 a casi un 40% en el 2021, según estudios más recientes. Asimismo, personas con discapacidad que pueden trabajar y no encuentran esta oportunidad, o fueron desvinculados en medio de la crisis sanitaria, optaron por emprender.
TESTIMONIOS DE VIDA
Contratar a personas por sus competencias y no por cumplir con una ley, es el gran desafío. Y para muestra de aquello, conversamos con un grupo de personas con diversos tipos de discapacidad, que cumplen labor en alguna empresa o institución pública, para que nos revelaran su experiencia de vida laboral.
Yanihe Nuñez Polanco, tiene 37 años, vive con su mamá y sus dos hijos en la comuna de Requinoa. Ella es Técnico en Educación Especial, egresada del Instituto Santo Tomas Rancagua. “Mi vocación nació en mi adolescencia cuando me di cuenta que era una persona con capacidad diferente. Me fue difícil elegir qué rumbo tomar, lo único claro que tenía era que quería estudiar, demostrar que personas con capacidades distintas tenemos ganas y vocación para ayudar a la sociedad”.
Cuando buscó una alternativa de educación superior, le resultó muy difícil ya que se dio cuenta que no había lugar para ella. “Se me cerraron muchas puertas al ver que yo era hipoacúsica, pero gracias al Instituto Santo Tomas que creyó y me oriento qué carrera seguir, estoy acá”, declara Yanihe, quien ya hace 13 años trabaja en la Escuela Especial Crecer, la misma escuela que la formó en sus primeros años de vida, para luego ingresar a la Escuela Eduardo de Geyter y terminar su Enseñanza Media en el Liceo Técnico de Rancagua. Actualmente también trabajo para Universidad O’Higgins e Instituto Santo Tomas. “Estoy orgullosa de ser parte de esta fundación y poder ayudar a niños sordos que al igual que yo, aprenden o aprendieron sus primeras letras”, dijo. “No por ser diferentes a los demás no somos capaces de ser alguien en la vida”, añadió.
Esta educadora anhela que la lengua de señas chilena sea parte de las mallas curriculares en las universidades e institutos técnicos profesionales. “La lengua de señas muy necesaria para entender ayudar a personas que por cualquier motivo han perdido su audición y por la inclusión. Tanto la sociedad como el Gobierno deben dar oportunidades para estudiar; los estudios superiores son caros y no todas las personas tienen los recursos para hacerlo, y después que empresarios y entidades públicas crean y den posibilidades a este tipo de personas de que demuestren que son capaces y eficientes en cualquier tarea que se les otorgue”.
También en el área de la Educación encontramos a Camila Becerra Aránguiz (26). Nacida y criada en Rancagua, vive con sus padres, María Priscilla y Alamiro, además de su hermano de 10 años, Agustín, todas ellas personas oyentes. “Soy instructora en Lengua de Señas Chilena en la Universidad de O’Higgins en los campus de Rancagua y San Fernando, al servicio tanto de alumnos como funcionarios u otros usuarios que lo requieran. Además soy titulada en TENS en Estética Integral en el Instituto IPG, profesión que ejerzo de forma independiente en mi emprendimiento Estética Inclusiva Cami Becerra”, informó la joven.
Camila ama su trabajo y nos dice que “enseñar mi lengua materna, que es la Lengua de señas, es muy gratificante y me hace muy feliz que las personas se interesen, la aprendan y logren comunicarse con nosotros, las personas sordas. Llevo 3 años en la UOH donde me siento incluida y apoyada por todos quienes forman parte de su Unidad de Inclusión y de toda la universidad. Puede que me traten diferente, pero siempre en el buen sentido, es decir, que para ellos soy una persona especial por usar este lenguaje, que no oye como el resto. Muchos al principio se complican pero al enfrentarlo naturalmente, fluye y al final del día les encanta y les motiva a aprenderlo”.
A su juicio, y en relación a las experiencias de sus pares o de personas con discapacidad en general, “falta más conocimientos concretos y funcionales de cómo es una de estas personas, que en sus puestos de trabajo se tengan las consideraciones necesarias para una total inclusión laboral, ya sea acceso a la información a través de lengua de señas en personas sordas, braille en personas ciegas, sistemas de desplazamientos en discapacidades físicas, etc. Se necesita una inclusión laboral verdadera, total e integral, que las personas discapacitadas no sean sólo un trabajador que se trate por igual, sino sea integrado e incluido con la implementación necesaria, el conocimiento de sus necesidades y de cómo es su funcionalidad de persona discapacitada”, confirmó la profesional.
Por otro lado, conocimos también a Ricardo Sandoval de 56 años, quien trabaja en el Ministerio de Obras Públicas como operador de Plaza de Peaje en Mostazal. Actualmente vive con su madre y hermano, es separado hace 7 años y tiene dos hijos. “Trabajo en este lugar desde mis inicios en el MOP. Creo que mi desempeño ha sido intachable hasta hoy. Entré a trabajar siendo casi una persona normal pero con limitaciones manejadas por mí, ya que siendo muy joven tuve cáncer, situación que me dejó con una pierna rígida pero que no fue obstáculo para ningún tipo de trabajo. Hace dos años me amputaron la pierna derecha lo cual esperaba pasara algún día”, señaló. Recalcó eso sí que siempre ha estado preparado para todo, porque su vida no ha sido fácil. Pese a ello, siempre ha sentido un trato completamente normal, como cualquier otra persona. “Estoy feliz con los que conmigo laboran, nunca me han tratado diferente por mi condición”.
Respecto a la inserción laboral, Ricardo siempre se lo ha cuestionado porque piensa que toda persona con discapacidad tiene derecho, de acuerdo a sus limitaciones, a escoger su lugar de trabajo. “Las limitaciones las ponemos nosotros y no aquellos que piensan que no podremos. Pongo mi ejemplo. Con una pierna menos y usando una prótesis, hago mi vida completamente normal, subo escaleras, ando en micro o metro, manejo mi auto. Así es que ¿quién puede decirme qué puedo o no hacer?. Hay que escuchar a los que te dicen que Yo puedo y eres el mejor”, concluye.
UNA GRAN OPORTUNIDAD
Fabián Ríos(26 años) se desempeña en la empresa ME Elecmetal Rancagua y es de la comuna de Pelequén. Todos los días viaja a trabajar a esta compañía en la capital regional gracias a la primera ayuda que le entregan sus padres con quienes vive. Tiene una discapacidad llamada Displegia fáctica que le entrega una pequeña dificultad al caminar. Hoy apoya el área administrativa en la compra de suministros, atención a clientes y proveedores y de asistencia al personal, entre otras labores en dicha empresa, nos cuenta.
En 2018 conoció por dentro lo que es ME Elecmetal cuando llegó a realizar su práctica profesional de Técnico en Administración. Pasado el tiempo le ofrecieron colaborar en la empresa contratista donde había hecho esta práctica para pasar ahora a ser parte de la planta de colaboradores desde hace 13 meses. Hoy continúa sus estudios de Ingeniería en el Instituto Guillermo Subercaseaux.
Al joven se le nota su entusiasmo y las ganas de seguir desarrollando su profesión en este lugar. “Me han recibido muy bien, estoy muy sorprendido aún. Son muy acogedores, hay buen equipo y buen ambiente. Nos apoyan mucho en cada una de las labores”. Sobre su vida entre el trabajo y los estudios, asegura que esta complementación le ha ayudado mucho en su personalidad, cómo desenvolverse de mejor forma, de cómo tratar a las personas y enfrentar riesgos y desafíos.
Fabián cree que es verdad que hay algunas labores que para personas con discapacidad no son aptas y por eso no se tiende a contratarlas. “Yo siempre he tratado de ganarme las cosas con esfuerzo y trabajo. Sí nos podemos desempeñar en labores administrativas por ejemplo. Esto va de la mano de que la persona cuente con las herramientas necesarias para desarrollarse y quiera también superarse, demostrar que se la puede”. Dice a su vez, que a las personas con discapacidad les hace falta atreverse y no tener miedo a los desafíos, “demostrando con trabajo y esfuerzo que todo es posible, que no hay límites. Hay que mantenerse constante y seguir avanzando”.
En la misma empresa trabaja desde hace cuatro años, Carmen Durán Sánchez (44) en el área de Gestión de Personas y cuenta con una discapacidad física debido a una malformación congénita de nacimiento. Allí ingresó a través del sistema de postulación con todos los requerimientos solicitados y por el cupo otorgado conforme a la Ley de Inclusión laboral. Entre sus principales labores está la supervisión directa en la Oficina de Control de Ingreso a las empresas contratistas en general y colaborar con trámites en entidades particulares, jurídicas y públicas.
Dice que desde el primer momento fue recibida como una igual a los demás, sin preferencias ni atenciones especiales, que “es lo que realmente buscamos al querer involucrarse en el medio laboral. Claramente podremos carecer de algunas habilidades, pero eso en mi caso jamás ha sido un obstáculo para mi desarrollo personal. Por eso agradezco a la empresa por esta oportunidad. Personalmente soy bastante exigente conmigo, por eso logré el año pasado obtener mi segundo título profesional de Ingeniero Comercial. También siempre estoy haciendo cursos, capacitaciones y seminarios para perfeccionarme y ser un ejemplo para mis hijas (Javiera de 22 años y Alondra de 17), como así cumplir correctamente los requerimientos de la empresa”.
Sobre la inclusión laboral cree que se necesita más voluntad del empresariado para que pueda otorgar más puestos de trabajo sin tener una ley encima que los presione. También, pide que las personas con capacidades diferentes confíen en sí mismos, se capaciten, demuestren que el no tener una habilidad puntual no imposibilita que puedan desarrollar y reforzar otras. “Al facilitar la inclusión laboral estamos reconociendo el derecho al desarrollo mediante un trabajo digno y en condiciones de igualdad ante la sociedad”.
LA CONDICIÓN NO ES LA EXCUSA
Fabián Rodríguez (54) Tiene una discapacidad visual desde los 2 años tras sufrir una grave enfermedad a la retina. De pequeño quería ser abogado pero su situación no fue un impedimento para construir su futuro y egresó de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, donde hoy sólo le falta obtener su título. Ahora desde algunas semanas, labora como asesor jurídico para la Municipalidad de Machalí.
Su señora Patricia, ha sido una verdadera colega para él porque lo ayuda en su labor y estudios, le lee los documentos y le ayuda a preparar sus trabajos. Junto con su hijo de 20 años, Pablo lo apoyan, también es su afición que es la música. Además, Fabián es presidente de la ONCICH Rancagua (Organización Nacional de Ciegos de Chile).
El actual alcalde de dicha comuna, Juan Carlos Abud, conocía desde hace mucho las competencias y posibilidades laborales de Fabián ya que también había colaborado para el periodo de alcaldía de su padre, Juan Abud. “Solo hace un mes estamos trabajando, entregando asesoría y orientación jurídica en la comuna donde las necesidades son muchas”, manifiesta.
A su juicio, para que las personas discapacitadas puedan trabajar, hay barreras de tipo internas y otras que son externas, que dependen de otros, de la sociedad. “En términos generales la discapacidad ya comienza siendo una barrera que la institucionalidad coloca y levanta como excusa para no contratar. Pero esto nadie te lo dice, sino que dan razones para no hacerlo. Y esto pasa en todos los ámbitos de nuestra vida. Por ejemplo ir al supermercado o una gran tienda comercial y no hay nadie que te pueda guiar o ayudar a comprar, no están preparados”, expone. “Falta que la ley de inclusión laboral se aplique bien, falta fiscalización y voluntad en estos dos sentidos. Primero deben informarse que existe esta ley y darle cumplimiento, y luego la etapa de fiscalización. Si esta última no se cumple en la práctica no hay cumplimiento de la normativa”, declara el experto. “Siento que esta ley de inclusión es muy básica, muy mezquina. Que den el 1% de personas con discapacidad para trabajar en una empresa o institución está muy por lo bajo que debería ser”, remata Fabián.
Alfredo Carrasco Avilés (26) es de la comuna de Quinta de Tilcoco y es fundador de FarmHability , un proyecto que nació en 2019 para llenar un vacío que le afectaba directamente a él como la inserción laboral en el rubro agrícola debido a su discapacidad física (paraplejia debido a un accidente)que lo mantiene en silla de ruedas. “Quisimos contribuir y apoyar a otras personas en similares condiciones de discapacidad o adultos mayores, para acercarlos a lo que es la producción avícola y el auto cultivo. Trato de contribuir y entregar lo mejor de mí para poder entregar un mensaje de mi propia experiencia”. Es por eso que dice que nunca se ha sentido excluido del trato con las personas, “eso sí, algunas situaciones me han hecho sentir de esta forma, que tengo una discapacidad, producto de las instalaciones y accesibilidad de algunos lugares a donde debo ir”.
Asegura que estaría mucho mejor si hay una verdadera capacitación a los empleadores y a las personas y grupos de trabajo donde se quiere emplear a una persona con discapacidad. “Es importante acabar con ciertos mitos e ideas que se puedan tener respecto del desempeño de una persona en situación de discapacidad dentro de alguna labor o al desenvolverse en un equipo de trabajo. Para esto es clave partir desde ahí con el fin de incluir a estas personas, apoyarlas y acercarlas a las labores, a las instalaciones y a los equipos para hacerlas sentirlas parte de la organización”.
Por ejemplo,-continúa- en el rubro agrícola, trabajar en el campo, demanda usar todas las partes de nuestro cuerpo y eso ya los limita para poder tener personal con discapacidad. “Muchas veces la propia familia no los apoya lo suficiente, no lo incitan a que busque un trabajo dentro de esta área. Más que la propia discapacidad, quienes lo rodean tienen mucho que ver en las oportunidades que se le van dando. Mientras que otra problemática que surgen en estas personas es no saber cómo desplazarse o cuán lejos está su lugar de trabajo”, remata.
