Nuestra región se caracteriza por ser una zona turística por excelencia. Las viñas, el surf, las salinas, los ríos, Rapel, son lugares que siempre y en toda época del año ven como los turistas llegan para disfrutar de sus bondades.
De las citadas, hay muchas entidades dedicadas justamente a la atención de quienes por diversas razones nos visitan. El turismo en Colchagua, por ejemplo, está muy bien desarrollado y son extranjeros lo que, en su mayoría, recorren cada una de las viñas productoras de los mejores mostos del continente, y también eso implica recorrer poblados como Santa Cruz o Lolol, solo por citar algunos.
Pero, ¿Qué ocurre con la zona cordillerana? La pregunta salta cuando vemos imágenes de Sewell, hoy por hoy cubierta de nieve. En la región no existe un centro invernal que pueda albergar a turistas así como existen en otras zonas del país. La cordillera, en O’Higgins, tiene enorme potencial y solo unos pocos se atreven a incursionar en ello. En el Cachapoal hay parajes hermosos, muy atractivos. Lo mismo en el Tinguiririca. Ambos cajones cordilleranos comparten un hermano en común, los glaciares de la alta cordillera donde limitan Machalí y San Fernando. Lo mismo en las Termas del Flaco, donde principalmente en verano se puede acceder teniendo allí una verdadera mina de oro para los fanáticos del invierno. En esa zona, lamentablemente, no se cuenta con un camino apto en esta época, ya que está siendo común que, por lluvias, se corte y no se pueda utilizar en plenitud. En las cercanías del poblado hay laderas que perfectamente podrían ser habilitadas para los esquiadores. El solo imagina que nuestra región le podría competir perfectamente a la zona Metropolitana, nos debe hacer pensar en que sí se puede y que tenemos que mirar también hacia el oriente.
Es tiempo de que el sector cordillerano se pueda desarrollar turísticamente, ya que este aspecto sin duda que ayudará mucho a la economía local. Solo hay que impulsar, desde lo público y lo privado para que esto suceda.
