Durante los últimos meses del año 2025, los locales comerciales ubicados en Santa María, Rancagua, han compartido una característica en común que va más allá del área en que están situados o el parecido que pudiera existir entre sus productos. Se trata de que estos dueños han sido víctimas de un ladrón que ha asaltado en múltiples veces sus comercios.
La seguidilla de robos ha mantenido en estado de alerta y desesperación a locatarios y vecinos de pasajes aledaños, quienes relataron que los ataques se vienen registrando, aproximadamente, desde septiembre, y pese a que han sido robos reiterados, no se ha llegado a una solución efectiva.
Los testimonios de los trabajadores del sector dejan en claro que ellos conocen la identidad del asaltante, teniendo registro de su persona en videos de cámaras de seguridad e incluso por confrontaciones que habrían tenido personalmente con el victimario.
En uno de estos encuentros, “por mi hija, lo lograron tomar a la hora de que se nos pasó a nosotros a la hora de que se nos pasó a nosotros aquí al lado. Lo tomaron, se lo entregaron a Carabineros, lo llevaron preso y al otro día en la tarde ya estaba suelto, ya estaba robando otra vez”, relata Georgina, una de las comerciantes afectadas.
Así como han reconocido su rostro, los afectados también han memorizado su modus operandi y han construido un perfil del presunto responsable, describiéndolo como alguien del sector Aurora, que actúa principalmente de noche y que hace ingreso a los locales a través de techumbres, patios interiores y cortes de cercos o alambres. Asimismo, aseguran que no existe remordimiento por su parte, pues en ocasiones se ha jactado de “saber robar”.

La situación resulta de suma preocupación para estos comerciantes, quienes han sufrido en numerosas ocasiones. Aseguran que, dependiendo del local, se han cometido robos tres, cuatro y hasta ocho veces, por mencionar algunos. Mientras tanto, entre las pérdidas más significativas de los comercios, estarían unas avaluadas en dos y cinco millones de pesos, según informó el comerciante Luis Álvarez.
Respecto al actuar policial, la opinión ha estado dividida, porque mientras que dueños como Georgina afirman que “Carabineros se portan súper bien. Lo toman, pero ¿qué sacan los Carabineros si aquí es el juez que lo está haciendo mal?”, otros, como Marco Márquez, han calificado la acción como “pasiva”, porque “usted tiene una emergencia y llama a Carabineros y llegan media hora, 40 minutos después. O sea, el compadre ya ha reducido todo lo que tenía y lo que ha robado”.
Considerando que los delitos siguen cometiéndose cada vez con más sigilo y más frecuencia, los vecinos no sólo han visto pérdidas monetarias por los robos, sino que se han sometido a un gasto permanente por daños estructurales y en implementar sus propias medidas de seguridad, como refuerzos metálicos, concertinas, cámaras y vigilancia privada pagada día y noche por los propios dueños.
De esta forma, el clima de inseguridad ha generado temor entre quienes trabajan y viven en el sector, algunos de los cuales han optado por mantener personas durmiendo en los locales para evitar nuevos ingresos.
Las víctimas que decidieron alzar la voz y denunciar una injusticia por otros medios manifestaron ya estar desesperados, resumiendo el sentir generalizado de los comerciantes de Santa María, quienes exigen medidas más efectivas para frenar una situación que se ha vuelto una rutina cada vez más violenta.
