¿Por qué cuesta tanto comenzar a hacer ejercicio y, sobre todo, mantener el hábito? Esa es una de las preguntas que aborda el preparador físico Eugenio Fierro en su libro titulado “¿Por qué nos cuesta tanto hacer ejercicio?”, una obra que ingresó a la Cámara Chilena del Libro en septiembre y que busca explicar las dificultades que enfrentan las personas al intentar incorporar la actividad física a su vida cotidiana.
Desde su experiencia como entrenador, el autor observó que, pese a conocer los beneficios del ejercicio para la salud, muchas personas tienen dificultades para mantener una rutina. Esta situación lo llevó a profundizar en los factores que intervienen en la adopción de este hábito y a acercar el conocimiento científico a los lectores mediante situaciones cotidianas. “Más que convencer a alguien de que debe hacer ejercicio, mi intención es ayudarle a comprender por qué cuesta tanto hacerlo y qué podemos cambiar para facilitarlo”, explica Fierro.
Uno de los planteamientos centrales del libro es que la constancia no depende exclusivamente de la motivación o la fuerza de voluntad, pues las exigencias laborales, las responsabilidades familiares, la falta de tiempo y las condiciones del entorno también influyen en las posibilidades de mantenerse físicamente activo. Se suman las expectativas personales y las experiencias con el entrenamiento, teniendo presente que comenzar con rutinas demasiado exigentes o esperar resultados físicos inmediatos puede generar frustración y hacer que la actividad se asocie con una experiencia negativa.
En ese sentido, Fierro advierte que “muchas veces confundimos estar motivados con haber construido un hábito”. Tener ganas de comenzar puede ser un primer impulso, pero mantener la actividad requiere organización, experiencias satisfactorias y una rutina que se adapte a las condiciones de cada persona.
RETOMAR EL EJERCICIO SIN FRUSTRARSE
La obra también aborda cómo volver a entrenar después de un período de inactividad, una situación que puede resultar difícil para quienes intentan recuperar rápidamente el nivel que tenían antes de dejar de hacer ejercicio. Es así que el autor recomienda comenzar de manera progresiva, establecer objetivos realistas e identificar las razones que llevaron a interrumpir la rutina: “Lo importante no es conseguir una rutina perfecta que nunca se interrumpa, sino aprender a adaptarla y encontrar maneras de regresar cuando las circunstancias cambian”. De esta forma, dice que es posible ajustar las exigencias y evitar que el intento de retomar la actividad termine en una nueva frustración.
Para quienes desean comenzar, pero sienten que no tienen tiempo, motivación o constancia, Eugenio Fierro plantea la importancia de transformar las intenciones en acciones concretas. En lugar de proponerse entrenar varios días a la semana sin considerar las responsabilidades cotidianas, recomienda diseñar un plan que sea posible de cumplir y aumentar la frecuencia de manera gradual, por ejemplo.
También destaca la necesidad de encontrar actividades que resulten satisfactorias, ya que no todas las personas disfrutan del gimnasio ni tienen los mismos intereses deportivos. La clave sería construir una rutina que pueda sostenerse en el tiempo y que considere las posibilidades reales de cada individuo.
Como rancagüino, Fierro también plantea que la incorporación de la actividad física no debe entenderse únicamente como una responsabilidad individual, sino como un desafío que requiere condiciones adecuadas en las comunidades.
En este sentido señala que mantenerse activo puede ser especialmente difícil para quienes trabajan largas jornadas, tienen responsabilidades familiares o no cuentan con espacios cercanos y seguros para ejercitarse. Por ello, considera necesario “generar las condiciones para que puedan hacerlo, avanzar en infraestructura pública, actividades accesibles y programas que ayuden a las personas a mantener su participación”.
A través del libro “¿Por qué nos cuesta tanto hacer ejercicio?”, Fierro espera que los lectores cuestionen algunas creencias sobre la motivación, los hábitos y la constancia, y que puedan identificar estrategias para enfrentar sus propias dificultades.
Su propósito es que la actividad física deje de asociarse exclusivamente con la apariencia o la pérdida de peso y también sea reconocida como una oportunidad para desarrollar fuerza, mejorar la capacidad física, ganar autonomía y compartir con otras personas.
