Por: Carlos Osses, comentarista deportivo.
A tres fechas del final del Torneo 2024, O’Higgins enfrenta la posibilidad de descenso. Con nueve puntos en juego, nuestra situación sigue siendo crítica, estando solo a cuatro unidades del penúltimo lugar.
Primero, recibiremos a Ñublense el 19 de octubre, luego visitaremos a Cobresal y finalmente cerraremos el campeonato en El Teniente contra Cobreloa. Sin embargo, esta recta final no promete ser sencilla, y el hecho de que jugar en casa ya no representa una ventaja añade más incertidumbre a nuestro futuro.
Los últimos años han demostrado que estadísticamente sumamos más puntos como visitantes que en nuestro propio estadio. El Teniente, que solía ser una fortaleza, se ha convertido en un terreno donde la presión parece pesar más que en otras canchas. Esto solo hace que el panorama se complique aún más, especialmente enfrentando a dos rivales directos como Cobresal y Cobreloa, que también están luchando por evitar el descenso.
Lo que más preocupa es que esta crisis deportiva no es algo pasajero; viene empeorando año tras año. Mientras muchos hinchas señalan a Pablo Calandria, y a Javier Furwasser, como los principales responsables, yo creo que el verdadero problema está más arriba, en los dueños. No se trata de una cuestión de un mal ciclo deportivo, sino de una gestión que ha fallado de manera sistemática.
Como dice el dicho, «no es culpa del chancho, sino de quien le da de comer», y en este caso, la falta de una mejor política deportiva es evidente.
La política de contrataciones es un claro reflejo de esto. Se traen muchos jugadores, pero pocos de verdadera calidad. Esto no solo es un error, sino una contradicción para un club que dice apostar por la formación de cadetes. Invertimos en nuestras divisiones menores, pero luego los refuerzos que llegan al primer equipo no cumplen con las expectativas. ¿De qué sirve tener una buena cantera si al final del día no le damos el espacio y las oportunidades que merecen nuestros jóvenes talentos?
Nos jugamos el todo por el todo en estas últimas tres fechas, pero lo que más me preocupa no es solo el riesgo del descenso, sino la continuidad de un modelo que no está funcionando. Mientras no se haga un cambio profundo en la dirigencia y en la manera de gestionar el club, O’Higgins seguirá sumido en esta espiral de mediocridad.
A pesar de todo, sé que el hincha es quien más sufre y también quien nunca abandona. Estuvimos en las buenas, pero sobre todo en las malas. Somos testigos de cada lágrima, de cada esfuerzo no recompensado, pero también somos los que seguimos alentando, sin importar lo que pase. Este equipo es parte de nuestra historia, de nuestra idiosincrasia y aunque hoy estemos viviendo momentos difíciles, el cielo sigue siendo celeste. Siempre lo será, porque el hincha nunca se rinde.
