Por Carlos Osses, comentarista deportivo, En Línea Deportes.
La temporada 2025 de O’Higgins de Rancagua no solo será recordada por los puntos en la tabla o los goles en los minutos finales. Es un ejemplo claro de cómo un club puede renacer desde lo humano, poniendo la atención en el bienestar y desarrollo de sus jugadores. El salto de rozar el descenso en 2024 a soñar con la Copa Libertadores en 2025 tiene un responsable silencioso: la batalla psicosocial que se ganó dentro y fuera de la cancha.
El abandono como punto de partida
En 2024, O’Higgins contaba con talento suficiente, pero el rendimiento era deficiente. La presión, la desconfianza y la falta de cohesión generaron un ambiente de abandono: los jugadores, exigidos por medios y redes sociales, se sentían solos y sin apoyo. La calidad técnica estaba, pero la confianza y el ánimo faltaban.
Fernando Diniz, psicólogo y entrenador brasileño, lo ha explicado con claridad: «El problema del fútbol tiene más que ver con lo psicosocial que con la técnica. Los jugadores están sedientos de alguien que los cuide. La obsesión por el resultado a veces olvida al ser humano que lo produce».
Ese espejo refleja el O’Higgins 2024: un plantel con potencial, pero que necesitaba cuidado, guía y liderazgo para desbloquearlo.
Liderazgo como catalizador del renacer
Aquí entra Francisco Meneghini. Si Diniz habla de cuidado integral, Meneghini lo tradujo en exigencia con propósito. Su trabajo no fue solo táctico; fue mental y emocional:
Sanar la herida colectiva: Transformó frustración y baja autoestima en energía y confianza.
Desbloquear el talento: La falta de rendimiento no era calidad, sino autoconfianza.
La disciplina y la exigencia del cuerpo técnico devolvieron a los jugadores su identidad profesional. La “incomodidad” bien dirigida se convirtió en motor de crecimiento y empoderamiento.
La cultura que produce resultados
O’Higgins no solo fichó bien: fichó una nueva filosofía. El rendimiento de 2025 demuestra que cuando se prioriza el desarrollo personal y se maneja la presión de forma efectiva, el talento latente se convierte en resultados concretos.
A falta de cuatro fechas —ante Ñublense, Universidad de Chile, Unión Española y Everton— O’Higgins asegura prácticamente su participación en la Copa Conmebol Sudamericana 2026. Y si mantiene el nivel mostrado, tiene altas opciones de clasificar a la Copa Libertadores, un logro histórico que premia el trabajo silencioso de cuidado y liderazgo detrás de escena.
Una lección para el fútbol chileno
El caso O’Higgins demuestra que los éxitos no se construyen solo en el césped. Copiar modelos europeos no garantiza resultados; lo que marca la diferencia es dejar de abandonar al jugador, cuidarlo y exigirlo al mismo tiempo.
El renacer del club de Rancagua en 2025 es la prueba de que la batalla por un cupo en la Libertadores se empieza a ganar en el vestuario y en la mente de los jugadores, antes que en la cancha. Cuidar, guiar y exigir no son ideas contradictorias: son la base de una victoria que trasciende goles y estadísticas.
