La opinión de Carlos Osses Miranda, comentarista deportivo, enlineadeportes.cl
La venta de O’Higgins al Grupo Caliente ya es una realidad confirmada por Ricardo Abumohor. El club que durante décadas ha sido el orgullo de Rancagua y la región pasa a manos de un grupo empresarial con visión internacional. Pero más allá de la formalización que falta, la pregunta esencial no es cuánto se pagó ni quién controla ahora el fútbol celeste, sino qué está realmente en juego cuando un club histórico se vende.
No solo cambian los dueños
Cuando hablamos de una venta, pensamos en cifras, contratos y nuevos proyectos. Pero para un club de fútbol, la venta también implica una transformación profunda. Cambian las prioridades, los tiempos, las formas de tomar decisiones y, sobre todo, puede cambiar la conexión con su gente.
O’Higgins no es solo un equipo de fútbol. Es un símbolo que representa la identidad de miles de hinchas de la región que en cada partido llenan el estadio con pasión y esperanza. Es un espacio donde generaciones se han formado, han soñado y han crecido. Esa conexión no se compra ni se vende en una transacción bancaria.
¿Un modelo al estilo Defensa y Justicia?
Una esperanza para O’Higgins es adoptar un modelo similar al que ha impulsado Defensa y Justicia en Argentina, un club que, bajo la influencia de Christian Bragarnik —representante y empresario vinculado a estas negociaciones— ha sabido crecer en competitividad y relevancia con recursos limitados.
Este modelo se basa en una red estratégica de jugadores cedidos, apuesta por técnicos jóvenes y estilos ofensivos, y una gestión financiera austera y eficiente. Defensa y Justicia ganó la Copa Sudamericana en 2020 y la Recopa Sudamericana en 2021, demostrando que es posible competir y ganar sin grandes inversiones económicas.
¿Es aplicable a O’Higgins?
O’Higgins no llega a esta etapa en crisis. Su cantera ha mostrado signos claros de vitalidad, con jugadores jóvenes como Joaquín Muñoz debutando en Primera a los 16 años. Este trabajo base es una fortaleza que el nuevo modelo debería potenciar, no reemplazar.
Además, el contexto local es distinto. El club representa a toda una región con hinchas apasionados, lo que exige que cualquier modelo de gestión respete y mantenga ese arraigo, algo que Defensa y Justicia, con su realidad argentina y diferente peso social, no debe enfrentar con la misma intensidad.
Lo que se gana y lo que se arriesga
La adopción de este modelo puede traer competitividad, acceso a jugadores y técnicos con proyección, y estabilidad financiera. Pero también puede implicar una rotación rápida de jugadores, menos consolidación de referentes locales, y el riesgo de que las decisiones estratégicas respondan más a intereses comerciales que a la identidad del club.
El futuro de la cantera y la identidad
No se trata solo de ganar o perder partidos, sino de mantener viva la esencia celeste. La cantera no está en decadencia, y es fundamental que continúe siendo prioridad. La oportunidad que tienen jóvenes talentos para brillar en el primer equipo es una señal clara de que el club no ha perdido esa mirada.
O’Higgins enfrenta un cambio histórico y profundo. Más que una simple venta, es una encrucijada donde se deben equilibrar la inversión y profesionalización con la preservación de su alma, su historia y su gente.
Adoptar un modelo similar al de Defensa y Justicia puede ser una oportunidad, pero solo si se hace con respeto por la identidad local y un compromiso genuino con la cantera y la comunidad. Porque vender un club es fácil. Vender su alma, imposible.
